Queridos hermanos: Tenemos noticias de que una familia de nuestra parroquia está pasando por dos semanas de especial exigencia frente al dolor y la enfermedad. Uno de sus miembros ha tenido una caida y no se recuperará hasta pasado ese tiempo, lo que ocasiona que el resto de la familia deban esforzarse sobremanera para atender las necesidades de esta persona y del resto. Sucede que en condiciones normales a esta familia el Señor ya les pide un considerable esfuerzo físico y mental para continuar caminando, por lo que todos podréis compartir la necesidad de pedirle a Dios su ayuda, y a la Virgen su compañía para que tengan paz, resignación y si es posible alegría mientras esta mala racha pasa.
Roguemos porque les dé la fe necesaria para entender, aceptar, sobrellevar y superar esta prueba adicional, como siempre han demostrado hacer. Asímismo, que Él ponga a disposición de esta familia a todos los miembros de la parroquia que desde la generosidad y el amor fraterno podamos compartir nuestro tiempo y esfuerzo. Nuestro párroco podrá encauzar cualquier ofrecimiento de esta clase en función de la necesidad que él estime necesario satisfacer.
Queremos por ello pedir desde aquí vuestras oraciones por esta familia cristiana y vecina de todos nosotros. Muchas gracias.
Roguemos porque les dé la fe necesaria para entender, aceptar, sobrellevar y superar esta prueba adicional, como siempre han demostrado hacer. Asímismo, que Él ponga a disposición de esta familia a todos los miembros de la parroquia que desde la generosidad y el amor fraterno podamos compartir nuestro tiempo y esfuerzo. Nuestro párroco podrá encauzar cualquier ofrecimiento de esta clase en función de la necesidad que él estime necesario satisfacer.
Queremos por ello pedir desde aquí vuestras oraciones por esta familia cristiana y vecina de todos nosotros. Muchas gracias.


Después de haber escuchado durante todo el mes de agosto el discurso del Pan de Vida, en el que Jesús nos recuerda: «Yo soy el Pan de la Vida, el que come de este Pan vivirá para siempre». «El que come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá la Vida Eterna».
Seguimos escuchando en este domingo la voz de Jesús que se define así mismo como el Pan de la Vida. Él es el Pan vivo que ha bajado del Cielo para darnos la Vida. Como venimos escuchando en estos domingos de agosto, Cristo es el alimento de Vida Eterna. Él es el alimento que nos fortalece, nos llena de Gracia, nos da la paz y el gozo. Puede parecer que es algo repetitivo el que cada domingo se nos recuerde lo mismo, pero, ¿Valoramos convenientemente la Comunión? Es necesario profundizar más en nuestra vida eucarística. Es imprescindible que aumente nuestra fe en la Presencia Real de Cristo en el pan y el vino. Por mucho que nos lo repitan nunca será suficiente para llegar a amar como se merece a Cristo Eucaristía.
Aunque fue en 1950, cuando se declaró el dogma de la Asunción de la Virgen María, desde las primeras comunidades había una corriente de fe en este dogma mariano: "era lógico que Jesús, como cualquier hijo de se precie, a la primera que le haría participar de su triunfo sobre la muerte sería a su madre, la Virgen María". La Virgen María está ya gozando en cuerpo y alma de la Gloria Eterna. Es lo que nosotros un día viviremos al final de los tiempos. La Virgen María es merecedora de esta Gloria Eterna por su vida de entrega total a Dios y a la Salvación.


Mirad, todos tenemos que reconocer que muchas veces cuando nos vienen las cosas bien, cuando no tenemos problemas, cuando nuestras vidas son una gozada... es muy fácil amar a Dios, vivir la fe, celebrar al Señor, vivir como cristianos.