Lecturas: Núm 6,22-27,// Sal 67, // Gál 4,4-7,// Lc 2,16-21
Quiero empezar mi reflexión con las palabras del libro de los Números. Primera lectura de hoy:
"...Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Que ellos invoquen mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré”.
En este primer día del año, todos tenemos el corazón lleno de buenos deseos y de buenos propósitos para comenzar. Pero la mejor manera es hacerlo en la presencia del Señor, celebrando la Eucaristía y en este día celebrando a María, Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Puede haber mejor manera de empezar el año que poniéndonos en manos de la Virgen María? En este primero de Enero, la Iglesia universal vuelve sus ojos a María para aclamarla y honrarla como la MADRE DE DIOS. Es uno de los primeros títulos con los que se venera a María desde el siglo I de nuestra era: "María Theo-tocos", María Madre de Dios".
Al comienzo de este año la primera lectura de hoy, nos propone la Bendición de todos los creyentes para comenzar el año nuevo. El texto que he colocado al principio de esta reflexión. Quiero con ellos invocar a Dios para que esta Palabra suya, se haga realidad en cada uno de los hombres y mujeres del Mundo. Que todos los hombres y mujeres de cualquier punto de este mundo puedan experimentar hoy la bendición del Señor, su Gracia, su Amor, su misericordia... que especialmente los que adoramos a Cristo como el Salvador del Mundo hagamos presente esta bendición viviendola en cada una de nuestras palabras y obras en este año 2012.
Que Dios nos bendiga y nos proteja a todos, que sintamos su mano amorosa de Padre en cada uno de los momentos, de los segundos de este año. Haga brillar su luz, su amor, su rostro sobre cada uno de sus hijos. Que nosotros le aceptemos como la luz que alumbra nuestras vidas, que lo aceptemos como el Señor de nuestra existencia... que brille su rostro en la vida de cada uno y que la Paz de Dios llene los corazones de sus fieles.
Hoy más que nunca es necesaria la fe. Fe y confianza en el Señor. Empezamos una etapa nueva en la vida y como cristianos lo hacemos poniendo nuestras esperanzas en Cristo, nuestro Dios y Señor. Así lo hicieron los pastores. Ellos creyeron las palabras del Ángel y dejando todo lo que tenian, salieron corriendo y adoraron a Cristo. Lo que encontraron ante sus ojos, humanamente, no era para prestarle adoración. Pensad por un momento que lo que se encontraron fue un establo, vacas, asno, una pareja -José y María- y un bebé en un pesebre donde comian los animales. La imagen no es precisamente para pensar que aquel niño era a los ojos de los hombres, alguien importante. Ciertamente si a cualquiera de nosotros se nos dice que ese niño en un establo es el hijo de Dios, el Mesías, el Señor...hubiésemos dudado... Los pastores fueron, se postraron y lo adoraron...¡¡Qué fe tan grande!!
Ojalá nosotros, al empezar el año, nos postremos a los pies del Señor, confiemos en su Palabra, creamos en él y lo adoremos...
¿Por qué nos cuesta tanto confiar en el Señor? ¿Por qué no acabamos de creer que el único camino a la verdadera felicidad es el Evangelio?
Pido a Dios en este día que durante este año aumente nuestra fe, esperanza y caridad. Que crezcamos en nuestra entrega a Dios y a los hermanos. Que de una vez por todas nos dejemos de pegos y nos pongamos a ser de verdad cristianos, a ser de verdad hermanos, a querer a nuestra Madre la Virgen María, a amar a nuestra madre la Iglesia...
Que este año 2012 sea el año en el que de una vez por todas, los cristianos brillemos por la santidad de nuestras obras. Que callemos tantas bocas de impresentables que se regocijan insultando y menospreciando la fe, la religión, la Iglesia...los callemos con nuestro testimonio, con nuestra coherencia, con nuestro perdón.
Quiero terminar esta reflexión haciendo mias las palabras del libro de los Números y que la bendición de Dios descienda sobre todos y cada uno de vosotros.
¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!
Tomás Pajuelo Romero. Párroco.
Quiero empezar mi reflexión con las palabras del libro de los Números. Primera lectura de hoy:"...Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Que ellos invoquen mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré”.
En este primer día del año, todos tenemos el corazón lleno de buenos deseos y de buenos propósitos para comenzar. Pero la mejor manera es hacerlo en la presencia del Señor, celebrando la Eucaristía y en este día celebrando a María, Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Puede haber mejor manera de empezar el año que poniéndonos en manos de la Virgen María? En este primero de Enero, la Iglesia universal vuelve sus ojos a María para aclamarla y honrarla como la MADRE DE DIOS. Es uno de los primeros títulos con los que se venera a María desde el siglo I de nuestra era: "María Theo-tocos", María Madre de Dios".
Al comienzo de este año la primera lectura de hoy, nos propone la Bendición de todos los creyentes para comenzar el año nuevo. El texto que he colocado al principio de esta reflexión. Quiero con ellos invocar a Dios para que esta Palabra suya, se haga realidad en cada uno de los hombres y mujeres del Mundo. Que todos los hombres y mujeres de cualquier punto de este mundo puedan experimentar hoy la bendición del Señor, su Gracia, su Amor, su misericordia... que especialmente los que adoramos a Cristo como el Salvador del Mundo hagamos presente esta bendición viviendola en cada una de nuestras palabras y obras en este año 2012.
Que Dios nos bendiga y nos proteja a todos, que sintamos su mano amorosa de Padre en cada uno de los momentos, de los segundos de este año. Haga brillar su luz, su amor, su rostro sobre cada uno de sus hijos. Que nosotros le aceptemos como la luz que alumbra nuestras vidas, que lo aceptemos como el Señor de nuestra existencia... que brille su rostro en la vida de cada uno y que la Paz de Dios llene los corazones de sus fieles.
Hoy más que nunca es necesaria la fe. Fe y confianza en el Señor. Empezamos una etapa nueva en la vida y como cristianos lo hacemos poniendo nuestras esperanzas en Cristo, nuestro Dios y Señor. Así lo hicieron los pastores. Ellos creyeron las palabras del Ángel y dejando todo lo que tenian, salieron corriendo y adoraron a Cristo. Lo que encontraron ante sus ojos, humanamente, no era para prestarle adoración. Pensad por un momento que lo que se encontraron fue un establo, vacas, asno, una pareja -José y María- y un bebé en un pesebre donde comian los animales. La imagen no es precisamente para pensar que aquel niño era a los ojos de los hombres, alguien importante. Ciertamente si a cualquiera de nosotros se nos dice que ese niño en un establo es el hijo de Dios, el Mesías, el Señor...hubiésemos dudado... Los pastores fueron, se postraron y lo adoraron...¡¡Qué fe tan grande!!
Ojalá nosotros, al empezar el año, nos postremos a los pies del Señor, confiemos en su Palabra, creamos en él y lo adoremos...
¿Por qué nos cuesta tanto confiar en el Señor? ¿Por qué no acabamos de creer que el único camino a la verdadera felicidad es el Evangelio?
Pido a Dios en este día que durante este año aumente nuestra fe, esperanza y caridad. Que crezcamos en nuestra entrega a Dios y a los hermanos. Que de una vez por todas nos dejemos de pegos y nos pongamos a ser de verdad cristianos, a ser de verdad hermanos, a querer a nuestra Madre la Virgen María, a amar a nuestra madre la Iglesia...
Que este año 2012 sea el año en el que de una vez por todas, los cristianos brillemos por la santidad de nuestras obras. Que callemos tantas bocas de impresentables que se regocijan insultando y menospreciando la fe, la religión, la Iglesia...los callemos con nuestro testimonio, con nuestra coherencia, con nuestro perdón.
Quiero terminar esta reflexión haciendo mias las palabras del libro de los Números y que la bendición de Dios descienda sobre todos y cada uno de vosotros.
¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!
Tomás Pajuelo Romero. Párroco.






Estamos ya en el tercer domingo de adviento, quedan apenas dos semanas para que celebremos la Navidad. Sería un buen momento para plantearnos si de verdad me estoy preparando convenientemente en mi vida espiritual y cristiana para que nazca el Señor en nuestros corazones. Es un momentos privilegiado para retomar con gozo y con ilusión la tarea de convertir nuestras vidas.








Hoy es el último domingo del Año Litúrgico, que finaliza celebrando a Cristo como Rey del Universo, fiesta solemne instaurada por el Papa Pío XI en 1925.


Las Lecturas de este domingo nos hablan de la parte que nos toca a cada uno de los seres humanos en nuestra propia salvación. Sabemos que la salvación es obra de Dios, por los méritos de Jesucristo y por la acción del Espíritu Santo en nosotros, pero a cada uno de nosotros nos toca una pequeña parte: nuestra respuesta a las gracias que el Señor nos da en cada momento y a lo largo de toda nuestra vida. Al regresar el amo, los dos primeros son felicitados, se les promete que se le confiarán cosas de mucho valor y se les invita “tomar parte en la alegría de su Señor”. Es decir que los que hicieron fructificar sus talentos llegaron al Reino de los Cielos.


