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domingo, 11 de marzo de 2012

Retiro Cuaresmal 2012 en el Desierto de "El Bañuelo"

El próximo sábado, día 17 de marzo, de 11:00 a 17:00, vamos a tener un día de retiro y oración en el desierto de "El Bañuelo" con el fin de prepararnos interiormente para vivir esta cuaresma. Al igual que en anteriores retiros para éste sería conveniente llevar lo siguiente:

- Imprescindible llevar MUCHAS GANAS DE AMAR Y SER AMADO POR DIOS.
- SILENCIO interior y exterior.
- Biblia o Nuevo Testamento, Cuaderno, bolígrafo, rosario, etc...
- Comida: bocadillos, bebidas y si quereis, merienda.
- Algún libro piadoso o de oración para el que quiera.

La salida será desde la Parroquia Beato Álvaro de Córdoba.

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domingo, 19 de febrero de 2012

Misas del próximo Miércoles de Cenizas - 2012

Manos de un sacerdote cogiendo la cenizaEl próximo 22 de febrero es Miércoles de Ceniza. Con tal motivo se celebrarán en nuestra parroquia dos misas, a las 18’00 h y las 20’00 h, en las que se impondrá la ceniza que nos recuerda que “del polvo venimos y en polvo nos convertiremos”y nos invita a “convertirnos y creer en el evangelio”.

Comienza así la Cuaresma, un tiempo litúrgico “fuerte” en el que nos preparamos para vivir profundamente y con intensidad los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo en la Semana Santa.

Durante estos cuarenta días la Iglesia nos recomienda la austeridad, el recogimiento, y la práctica habitual de la oración, el ayuno y la caridad como medios que nos ayuden a llevar a cabo nuestra conversión.

El derecho canónico afirma que todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia, sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia se han fijado unos días penitenciales.

En particular las normas del Código de Derecho Canónico y de la Conferencia Episcopal Española obligan a guardar Ayuno y Abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo y Abstinencia sólo los otros vienes de Cuaresma. Unas prácticas que, tenemos la impresión, con el paso de los años están cayendo cada vez más en desuso o no se llevan a cabo correctamente ni en la práctica ni en el espíritu. Por ello hemos creído conveniente recordar exactamente lo que la Iglesia Católica establece para el ayuno y la abstinencia.

Así, el AYUNO consiste en hacer sólo una comida fuerte al día; aunque no se prohíbe tomar algo ligero por la mañana o por la noche. Es obligatorio para todos los mayores de edad, hasta que se hayan cumplido cincuenta y nueve años.

En lo relativo a la ABSTINENCIA, ésta consiste en no comer carne y obliga a todas las personas mayores de 14 años.

El ayuno y la abstinencia no consisten en la renuncia por la renuncia sino en una renuncia con la que, por una parte reconocemos la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados, y por otro nos permite el dominio de sí mismo con el fin de vivir mejor los valores superiores.

Además hay que recordar que, en la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año, en los que se debe llevar a cabo la realización de otras formas de penitencia recomendada por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna, obras de caridad y mortificaciones corporales.

Catequesis del Papa Juan Pablo II sobre el Ayuno

Mensajes de Benedicto XVI para la Cuaresma

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miércoles, 13 de abril de 2011

Reflexiones para la Cuaresma (VII): Redescubriendo nuestro Bautismo mediante la Cuaresma

Mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendemos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como Ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.

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lunes, 11 de abril de 2011

Reflexiones para la Cuaresma (VI): La limosna, contra la idolatría de los bienes

"En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez del dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto, la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no solo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, la fuente única de la vida. La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia."

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martes, 5 de abril de 2011

Reflexiones para la Cuaresma (V): El triduo pascual

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la gran vigilia de la noche santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos “del agua y del Espíritu Santo” y reafirmamos de nuevo compromiso de corresponder a la acción de la gracia para ser discípulos.

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martes, 29 de marzo de 2011

Reflexiones para la Cuaresma (IV): Los cristianos “adoradores verdaderos”

La petición de Jesús a la samaritana: “Dame de beber” (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del “agua que brota para la vida eterna”.

Es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos “adoradores verdaderos” capaces de orar al Padre en “espíritu y verdad” (v. 23). ¡Solo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Solo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, “hasta que descanse en Dios”, según las palabras célebres de San Agustín.

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