jueves, 14 de mayo de 2009

Vigilia de Oración por la Vida

Imagen de un fresco del siglo 14 en el que aparecen representados Jesús y Juan en el seno de sus madres
Mañana jueves, 14 de mayo, se celebrará en la parroquia de El Salvador y Santo Domingo de Silos (La Compañía) una Vigilia de Oración por la Vida, presidida por D. Juan José Asenjo, Arzobispo Coadjutor de Sevilla y Administrador Apostólico de Córdoba.

La jornada comenzará a las 20:00h. con una concentración en la plaza de la parroquia. Seguidamente, tendrá lugar la Vigilia, que se iniciará con los testimonios de varias personas sobre el amor a la vida. A continuación, se celebrará la Santa Misa, presidida por D. Juan José Asenjo, Arzobispo Coadjutor de Sevilla y Administrador Apostólico de Córdoba. Por último, tendrá lugar una Hora Santa con exposición del Santísimo y oración en silencio.

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lunes, 11 de mayo de 2009

Zoco de colores

Cartel anunciador del 'Zoco de Colores'Desde el Movimiento de Cursillos nos informan que los días 15, 16 y 17 de mayo tendrá lugar el Zoco de Colores, en la el patio de la Colegiata de San Hipólito. Los recursos obtenidos con esta actividad irán destinados al sostenimiento de la casa de cursillos de San Pablo.

El horario es viernes día 15 de mayo: de 17 a 21 horas; sábado día 16: de 11 a 21 horas; domingo día 17 de mayo: de 11 a 17 horas. Os animamos a pasaros por allí.

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sábado, 9 de mayo de 2009

«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos»

V Domingo de Pascua

Lecturas: Hechos 9,26-31 // Salmo 22 // 1 Juan 3,18-24 // Juan 15,1-8

Cristo, la Vid y los sarmientos. Copia contemporánea de un antiguo icono bizantinoQueridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios que se proclama en este domingo es una llamada de atención a nuestra comodidad cristiana. Hemos proclamado en la carta de S. Juan: "hijos mios, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad." Son palabras de una tremenda claridad, podemos disfrazar nuestra apatia en la vida cristiana de muchas maneras: es imposible, mis pecados, no tengo fuerzas, es una utopía... muchos disfraces, muchas justificaciones pero la verdad es que el evangelio, la Palabra de Dios es viva y eficaz, es real como la vida misma y nos pide claramente coherencia de vida.

Empecemos por amar a los que tenemos más cerca: nuestras familias. ¿Cúantas veces en nuestras casas somos egoistas, intransigentes, faltos de paciencia...? ¿Cúantas veces nos han dicho lo bien que nos portamos en la Iglesia y cómo no portamos en casa? Es verdad, con los nuestros a veces somos un antitestimonio. Abusamos de la confianza y no nos esforzamos de la misma manera que con los de fuera de casa. Comencemos a marcarnos como objetivo en nuestra vida cristiana vivir el amor en nuestras familias. Amemos de palabra y obra a nuestras esposas y esposos, a nuestros hijos e hijas. Recemos juntos, hablemos de fe, no nos de miedo y reparo comunicar con palabras y hechos nuestra fe en Cristo Jesús. Empecemos a vivir nuestras familias como verdaderas Iglesias Domésticas en las que Jesús es el centro, en las que empapados del AMOR divino vivamos nuestro amor humano.

Dios es AMOR, y todo el que se une al AMOR, vivirá en el amor. Si nos dejamos llenar del amor de Dios veremos como ese amor rebosará por nuestros poros, por nuestras obras, por nuestras palabras, por nuestros hechos, por nuestras vidas.

El es la VERDADERA VID y nosotros los sarmientos. Cuando un sarmiento no da fruto, se seca, se corta y se quema.

Si nosotros estamos unidos a Cristo en la oración y los sacramentos daremos frutos de amor. Si vivimos friamente la oración y los sacramentos pues evidentemente no daremos frutos y nuestro testimonio cristiano será pobre.

Todos los domingos se nos ofrece la oprtunidad de particitar en la Eucaristía, de vivir honda y seriamente nuestro encuentro semanal con Aquel que sabemos que nos ama y poder así llenarnos de su amor para poder vivirlo en nuestra vida diaria.

Si el rato de la misa nosotros lo vivimos con fe, desde el silencio interior que nace de una profunda oración, con un sincero deseo de estar en la presencia de Dios. Viviendo el perdón, escuchando atentamente la Palabra, ofreciendo nuestras vidas en el altar, rezando los unos por los otros, COMULGANDO en Gracia de Dios para que Jesús se encarne en nuestra vida real. Así experimentaremos realmente que unidos al AMOR, viviremos en el AMOR.

Viviendo en Cristo seremos de verdad esos hijos de Dios que proclamamos con nuestras bocas y nuestras obras que amamos a Dios y tenemos un fe viva y vivificante.

Tomás Pajuelo. Párroco

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viernes, 8 de mayo de 2009

Las Coronaciones Canónicas

Imagen de María AuxiliadoraEl próximo domingo, día 10 de mayo, nuestro Administrador Apostólico, D. Juan José Asenjo, procederá a la Coronación Canónica Pontificia de la Imagen de María Auxiliadora que se venera en el Santuario Salesiano de nuestra ciudad.

Con tal motivo creemos oportuno, para una mayor comprensión de este tipo de actos, profundizar en su fundamento teológico así como en sus orígenes, evolución histórica y celebración.

Fundamento Teológico

Jesús, en su concepción, es llamado por el ángel Gabriel "Hijo del Altísimo", el Rey que recibirá el Trono de David y que reinará por siempre. María es pues la Virgen descrita por Isaías como la elegida desde la eternidad para ser la Madre del Rey, de aquí se desprende para ella el título de Reina.

Ya desde los primeros años, la comunidad cristiana ha reconocido esta dignidad real de María, Litúrgicamente este título es repetido constantemente en oraciones marianas y cantos como la Salva Regina, Regina Coeli, Ave Regina Coelorum.

Así, también en las letanías lauretanas se le llama "Reina de los Angeles", de todos los Santos, del Mundo, de la Paz, etc.. De la misma manera los artistas se han complacido en representarla en actitud mayestática, sentada sobre un trono y ostentando regia corona. En los misterios Gloriosos del Santo Rosario, también se invoca en el último misterio la Coronación de María como Reina y Señora de la Creación.

Orígenes y evolución histórica

Fray Jerónimo Paolucci , fraile franciscano capuchino que vivió en el siglo XVI, fue el precursor de las coronaciones de las imágenes de María. Durante el transcurso de su vida se dedicó a realizar notables predicaciones, dando término a ellas con la imposición de una corona a las sagradas imágenes de la Virgen más veneradas en el lugar en que realizaba su labor pastoral. Gracias a este hecho, el capuchino recibió el apodo de "Apóstol de la Madonna".

Al encontrarse en la ciudad de Parma -Italia - los protestantes realizaban manifestaciones en las que agraviaban el nombre de María Santísima. Es entonces que este Fraile juró dedicarse íntegramente al culto de Nuestra Señora. Pocos días después se organizó en desagravio a la Madre de Dios, una solemne ceremonia que tuvo gran cantidad de concurrencia. En esta ceremonia, luego de su acostumbrada y brillante actuación como orador sagrado, aclamaron bajo juramento a María como su perpetua Reina.

Transcurrido un breve lapso de tiempo, quisieron poner énfasis en su amor filial a la Virgen Santísima, realizando en dicha ciudad una Asamblea popular en la que el Obispo Diocesano y el Duque de Parma, colocaron una hermosa corona de oro sobre la cabeza de la imagen de María, proclamándola Soberana de Parma. Con ello, se dio inicio a esta piadosa costumbre de coronar las imágenes de María Santísima en Occidente.

Por otra parte, el Conde D. Alejandro Sforza Pallavicino de Piacenza, muy vínculado al Vaticano, al comenzar el siglo XVII, se propuso fundar una obra para darle orden y realce en todo el mundo a las coronaciones de la Virgen Santísima, y guardar memoria en un registro que se abrió en la Basílica de San Pedro de Roma.

Para ello dispuso en su testamento una donación considerable de sus bienes a la Reverenda Fábrica de San Pedro en la Ciudad de Roma, con la condición que fueran costeados con sus rentas estos actos y se promoviera la coronación de las imágenes de María Santísima más veneradas en todo el mundo.

Al legar su fortuna el Conde Sforza, se estableció el Capítulo de San Pedro, como el organismo competente para conceder el rango de canónica a la coronación de una imagen de la Santísima Virgen, y con ello se comprometían a adquirir la áurea presea, con el peculio obtenido de la donación hecha por el piadoso noble.

El primer caso de coronación sufragada por el Conde Sforza lo encontramos el 27 de Agosto de 1631, cuando el venerable Capítulo decidió colocar la diadema de oro a la imagen pictórica de "Santa María della febbre", venerada en una de las Sacristías de San Pedro en la Ciudad Eterna. A los pocos años de realizada el ceremonial tan lucido, este principal propulsor de la Coronación Canónica de María en la Tierra, falleció el 3 de Julio de 1636.

La coronación de Santa María la Mayor de Roma, el 15 de Agosto de 1837, marca el inicio del mismo ritual para las coronaciones que se llevarán a cabo en lo sucesivo.

A España no llega la coronación Canónica sino hasta el último cuarto del siglo XIX, como veremos en los primeros casos de dicha concesión, para la imagen de Ntra. Sra. de la Veruela en Aragón y Ntra. Sra. de Montserrat en Cataluña, ambas en 1881; luego de estas coronaciones, se sucederán otras muchas en España y con mucha rapidez se realizarán los primeros trámites de dicho proceso en América Española.

En Córdoba la primera imagen coronada canónicamente fue Nuestra Señora de los Dolores el 9 de mayo de 1965. También están coronadas Nuestra Señora de las Angustias (11 de octubre de 1987), Nuestra Señora del Rosario (31 de octubre de 1993), Nuestra Señora de la Fuensanta (2 de octubre de 1994), y la Virgen del Socorro que se coronó el 7 de septiembre del año 2003.

Celebración

En las primeras Coronaciones el Cabildo Vaticano mandaba fabricar la corona y enviaba a la Ciudad en que se efectuará dicho acto un Canónigo desde la Ciudad Eterna que sería el delegado Pontificio para realizar en su nombre este acto. Así también se conseguían de su Santidad, favores especiales - indulgencias por lo general - para el día de la celebración.

El ritual de imposición de la Corona en las devotas imágenes marianas, permaneció desde el siglo XVII hasta el XIX sin variaciones, salvo, la elaboración de las coronas en sus respectivos lugares de veneración, y el requisito de que para coronarse a una imagen mariana por lo mínimo debía tener 50 años de antigüedad.

En 1981 se faculta a los Obispos diocesanos para conferir la Coronación a las imágenes que se veneren en sus respectivas jurisdicciones, con ello queda establecidas tres clases de coronación.

Coronación Canónica Pontificia.- que otorga la Santa Sede en Roma, por la importancia que esta tiene, simplemente se le considera como Canónica, y tiene mayor peso sobre sus similares.

Coronación Canónica Diocesana.- que otorga la Diócesis en una Ciudad o País.

Coronación Litúrgica.- aquella que no necesita de permiso alguno, que la realiza cualquier eclesiástico y puede llegar a ser elevada al rango de Canónica Diocesana.

La sagrada imagen que ha sido postulada para recibir el privilegio de la Coronación Canónica, debe de reunir los siguientes requisitos, indispensables y debidamente comprobados por el Obispo u autoridad eclesiástica:

- Antigüedad no menor de 50 años (Se entiende que posea valor artístico y cuya Historia se encuentre debidamente documentada).
- Gozar de probada devoción (desde sus inicios hasta su estado actual)
- Comprobación de los favores concedidos por dicha imagen y la irradiación de su culto.

Reunidos estos requisitos por dicha imagen, esta documentación deberá ser presentada por el Obispo, Dignidad eclesiástica o Superior de alguna orden religiosa y pedida expresamente por él. A ellos se unen los clamores de las autoridades civiles y el pueblo católico de la localidad en general, llegándose a formar un comité de laicos que dedicará sus esfuerzos con este fin.

Respecto al día en que la ceremonia debe realizarse, se recomienda esta se efectué dentro de alguna solemnidad o fiesta de la Santísima Virgen. En algunos casos se hacen el mismo día de la fiesta de la advocación que la imagen posee y va a ser coronada. A ello habría que añadir que no se debe realizar en las grandes solemnidades de Nuestro Señor, ni en días de carácter penitencial, ello comprende la cuaresma y Semana Santa.

Cabe señalar que el Ritual de la Coronación establece celebrar la Misa de Santa María Reina, o la que corresponda a dicha imagen que cuente con oficio propio; así mismo las vestimentas que ha de usar los celebrantes deberán ser de color blanco, festivos, a no ser que se prefiera otro por diversos motivos.

Para llevar a cabo la Coronación, Su Santidad el Papa, envía un Delegado Pontificio para la Coronación de la imagen desde Roma, aunque también suele delegar a los Nuncios Apostólicos y los Arzobispos u Obispos.

En cuanto a la corona, en su hechura, el material en que debe realizarse es en oro puro. Para su ejecución, la presea debe responder a factores culturales y gustos artísticos de la Ciudad o localidad, de modo que sea un símbolo adecuado con que la Ciudad homenajea a su Reina y Señora. Debe contener piedras preciosas, cuando se pueda, y debe ser lo más regia posible.

Respecto a la Coronación propiamente dicha, debe estar revestida de gran solemnidad, para ello en la Procesión de entrada, deberá figurar la Áurea corona, portada con la reverencia del caso, esta debe ubicarse en un lugar privilegiado dentro del altar, a la vez que apreciado por todo el público concurrente a dicha ceremonia.

La Misa Pontifical deberá seguir con normalidad hasta la Homilia, en la cual deberán exaltar las glorias y reinado de María. Al concluir la homilía se realizará el rito de Coronación. Las coronas deberán ser presentadas por los padrinos, quienes llevarán la corona hasta la presencia del Obispo, que despojado de la Mitra, recitará la invocación correspondiente. Acto seguido se rociará el agua bendita sobre la presea y acompañado de un clérigo u otra persona, se dirigirá hasta la santa imagen e impondrá sobre las sienes de la imagen la Corona (si la imagen mariana porta a la imagen de Cristo, deberá imponérsele primero la corona a dicha imagen). Una vez impuesta la corona sobre la Reina y Señora, se canta un canto mariano o el Himno de la Coronación que ensalce la Realeza de María, culminando con la incensación que realiza el Obispo a la imagen coronada. Luego de ello sigue la Misa como de costumbre.

Al finalizar la Santa Misa, se tributa un homenaje público para la sagrada imagen, sacando en procesión triunfal a la Reina Coronada, en reconocimiento general del privilegio que se ha concedido a esta efigie mariana

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Necesidad de orar: El Señor es mi pastor

Imagen del Buen Pastor, de las catacumbas de los primeros cristianosDios todo grande y poderoso, se ha querido hacer pequeño para acercarse al hombre. Hay en la debilidad de ese comportamiento de Dios auténtica grandeza: la de quien te ama sin interés y te quiere por ti mismo.

Dios no se contenta con amar desde su morada, sino que con su Hijo planta su tienda en la existencia humana, se hace carne para buscar y salvar lo perdido. Quiere compartir nuestra pequeñez, nuestra pobreza, nuestro pecado y llega por nosotros hasta el último extremo, padecer una muerte injusta para que todos tengamos VIDA.

Se te ha dado mucho y mucho se te pedirá. El amor es siempre exigente, pero a la vez es misericordioso, a pesar de nuestras infidelidades nunca nos abandona. “El Señor es mi Pastor, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. El siempre va conmigo. En la oración, yo voy con Él.

Pero la vida de oración es dinámica, nada hay más opuesto a la vida de oración que la pasividad. La oración, remueve, cuestiona, inquieta. La oración nos pone en actitud de apertura a la voluntad de Dios. Descubre todas las miserias del corazón para enfrentarlas y transformarlas poniendo nuestro corazón de barro en sus manos para que lo transforme y lo haga misericordioso y compasivo como el suyo. La oración que no lleva a un cambio de vida debe ser cuestionada. La verdadera oración se manifiesta en los frutos.

En la oración busco parecerme cada día más a Jesús y una fórmula muy sencilla para parecerme más a Él, es preguntarme en cada situación que se me presente: ¿qué haría Jesús en mi lugar?. Si esto lo hacemos a lo largo del día con frecuencia iremos transformándonos de tal manera que podremos decir como san Pablo: “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.

Textos que podemos meditar: Juan 10, 11-18 - Salmo 23 - Lucas 10, 38-42 - Marcos 10, 35-45 - Juan 3, 14-18 - Gálatas 2, 17-21 - Salmo 84 - Romanos 2, 15-21.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Mayo, mes de María (y II)

Tal como el año pasado animábamos a rezar el rosario aprovechando el mes de María, también este lo hacemos apoyados en este magnífico vídeo:



Y tú ¿rezas el Santo Rosario?

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sábado, 2 de mayo de 2009

«Yo soy el buen Pastor»

IV Domingo de Pascua

Lecturas: Hechos 4,8-12 // Salmo 117 // 1 Juan 3, 1-2 // Juan 10, 11-18

El buen pastor - Monasterio de Benedictinas de la Natividad de N. S. J. Madrid)
Seguimos celebrando la Pascua. Parece muy lejano el día de la Vigilia Pascual, el día del Domingo de Resurrección pero seguimos viviendo la alegría del Resucitado. Es una realidad que tenemos que experimentar, la presencia de Cristo en nuestras vidas. Muchas veces queremos creer en "algo", pero ¿no sería más fácil creer en alguien? Pues ese alguién es Jesús, que está con nosotros, que está entre nosotros, que lo podemos ver, tocar, comer en la Eucaristía. Si el Señor nos concediera crecer cada día en la vivencia profunda de la Eucaristía, si el Señor nos concediera reconocerle en la Sagrada Forma que comulgamos y que cada Domingo recibimos, nuestra fe sería una fe verdaderamente VIVIDA.

Muchas veces participamos en la Eucaristía con rutina, sin darnos verdaderamente cuenta de quién es el que nos reune, nos convoca, nos habla y nos alimenta. Cuando venimos a la misa no es, sólo, para cumplir un mandamiento es para estar con Cristo y con los hermanos. Participar en la Eucaristía no tendría que ser cuestión de lo bien o lo mal que me cae el cura. Me extraña mucho oir "la misa de fulanito o la de menganito es mejor, este cura es más serio o menos serio...". Cuando participo en la Eucaristia me da exactamente igual cómo sea el cura, para mi lo importante es que voy a estar con Cristo.

Cuando un repartidor me trae un encargo, me da igual si es feo, simpático o genial, si lo es mejor, a mi lo que me importa es que me traiga lo que he pedido, lo traiga correctamente y eficazmente. Lo demás me da igual.

De la misma forma si vivo la presencia de Cristo, si vivo profundamente la comunión, si al recibir a Cristo Resucitado en la comunión, en su Palabra, en la Oración...me da igual el "repartidor" que me lo traiga, lo importante es que lo haga.

Así de claro lo tenia S. Pedro, les predica a los judios: "Al que vostros matásteis, Dios lo ha resucitado y a ese os traigo yo". Pedro, había negado al Señor, sabía que era pecador, que fallaba, pero sabía también la grandeza de su ministerio: predicar a Cristo.

Esa es la tarea de los pastores de la Iglesia, ser imágen del Buen Pastor que hoy leemos en el Evangelio. Os digo de verdad que es el texto que más medito en la oración, para poder ser el sacerdote, el pastor que nos describe Cristo en el Evangelio. Es verdad que lo intentamos todos los sacerdotes, pero necesitamos de vuestra oración. Nosotros debemos esforzarnos personalmente por todos los medios para ser como Jesús Buen Pastor. Pero necesitamos que vosotros recéis, valoréis, y améis a vuestros sacerdotes. Son los que os traen a Cristo, son los "repartidores" que nos traen realmente el Cuerpo de Cristo, la bendición de Dios, los Sacramentos.

Recemos en este domingo por todos los Ministros de la Iglesia para que el Señor nos conceda ser los buenos pastores, a semejanza de El, que su pueblo necesita.

Tomás Pajuelo. Párroco

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