sábado, 20 de junio de 2009

«¿Por qué sois tan miedosos? ¿Por qué no tenéis fe?»

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

Lecturas: Job 38,1.8-11 // Salmo 107 // 2ª Corintios 5,14-17 // Marcos 4,35-41

Las lecturas de hoy nos presentan a Cristo como el cimiento, el pilar en el que debemos asentar nuestra vida para que esta sea una vida recia y centrada.
Escuchamos en el evangelio de hoy un relato que es prototipo de la piedra angular que es Cristo.

Los apóstoles convivian diariamente con el Señor, le conocian, le habían visto hacer milagros, atender a la gente, les había enseñado tantas cosas. Pero en cuanto llegó el primer momento de dificultad seria se acobardan. Ante la tempestad se mueren de miedo y acuden desesperadamente a despertar a Cristo.

Este pasaje es prototipo de nuestra vida: cuando las cosas nos van bien todos creemos en Cristo, participamos en la Eucaristía, en los sacramentos, somos cristianos. Pero en cuanto llega la primera tempestad, el primer problema, la angustia... entonces rapidamente dudamos, olvidamos las gracias que Dios nos había ido regalando anteriormente. Se nos olvida nuestros momentos de oración, de estar en el Señor, de vida de fe.

¡Qué verdad tan grande! Con que facilidad dudamos de las promesas del Evangelio. Cristo se levantó, les echó en cara su falta de fe, pero les ayudó acallando el temporal.

Hemos de recordar que siempre el Señor escucha nuestras oraciones, acude en nuestra ayuda. Es verdad que no siempre lo que pedimos es lo que mejor ve el Señor para nosotros.

Jesús les dice ¡Qué falta de fe! Ojalá a nosotros nunca el Señor nos tenga que recriminar la falta de fe. Que nos demos cuenta que el Señor es el verdader pilar de nuestras vidas, que con él todo lo podemos. Que en él podemos vivir plenamente la felicidad.

Este evangelio de hoy ha sido interpretado muchas veces por los Santos Padres como un signo de la Iglesia en los abatares del mundo. La barca es la Iglesia, los apóstoles la jerarquia y todos los cristianos. La tempestad es ejemplo de los males que maltratan a la Iglesia y la fe. Y el miedo de los apóstoles nuestra falta de fe. Pero como siempre en Cristo, esa barca puede seguir navegando en paz y sosiego. El es el único que puede vencer al mundo y vencer nuestros miedos.

Confiemos en el Señor, apoyemos nuestra fe en Cristo. Busquemos el encuentro con el Señor en todos los momentos de la vida, en los difíciles y en los gloriosos acudamos a Cristo. Si nos acostumbramos a vivir en Cristo y por Cristo estoy seguro que nuestros miedos y nuestras faltas de fe desaparecerian.

Que el Señor nos conceda experimentar y sentir que es Él quien sostiene y alientas nuestrea vida de fe, de familia, de parroquia, de trabajo...en defenitiva, sostiene nuestra vida.

Tomás Pajuelo. Párroco

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viernes, 19 de junio de 2009

El suceso de Tumaco: Retroceden las olas del mar ante la Hostia consagrada

Olas rompiendoEl siguiente suceso tuvo lugar el 31 de enero de 1906, en el pueblo de Tumaco, Colombia, situado en una pequeñísima isla, bañada por el océano Pacífico. Hallábase allí de cura misionero, el padre fray Gerardo Larrondo de San José, teniendo como auxiliar al padre fray Julián Moreno de San Nicolás de Tolentino, ambos recoletos.

Eran casi las diez de la mañana, cuando comenzó a sentirse un espantoso temblor de tierra, siendo éste de tanta duración que, según cree el padre Larrondo, no debió bajar de diez minutos. El pánico se apoderó de aquel pueblo, y todo el mundo se agolpó en la iglesia y alrededores, llorando y suplicando a los padres que organizasen inmediatamente una procesión y fueran conducidas las imágenes, que en un momento fueron colocadas por la gente en sus respectivas andas.

A los padres le pareció más prudente animar y consolar a sus feligreses, asegurándoles que no había motivo para la reacción de espanto que se había apoderado de todos.

En ese momento se advirtió que, como efecto de aquella continua conmoción de la tierra, la marea del mar se alejó de la playa, provocando un sunami. Había de convertirse en formidable ola, dejando probablemente sepultado bajo ella el pueblo de Tumaco.

Aterrado entonces el padre Larrondo, se lanzó precipitadamente hacia la iglesia, y, llegándose al altar, consumió a toda prisa las Formas del sagrado copón, reservándose solamente la Hostia grande. Acto seguido, llevó el copón en una mano y en otra a Jesucristo Sacramentado, y exclamó: Vamos hijos míos, vamos todos hacia la playa y que Dios se apiade de nosotros. Como electrizados a la presencia de Jesús, y ante la imponente actitud de su ministro, marcharon todos llorando y clamando a Su Divina Majestad, que tuviera misericordia de ellos.

El cuadro debió ser ciertamente de lo más tierno y conmovedor que puede pensarse, por ser Tumaco una población de muchos miles de habitantes, todos los cuales se hallaban allí, con todo el terror de una muerte trágica grabado ya de antemano en sus facciones.

Acompañaban también al divino Salvador las imágenes de la iglesia traídas a hombros, sin que los padres lo hubieran dispuesto, sólo por irresistible impulso de la fe y la confianza de aquel pueblo fervorosarnente cristiano.

Poco tiempo había pasado, cuando ya el padre Larrondo se hallaba en la playa, y aquella montaña formada por las aguas comenzaba a moverse hacia el continente, y las aguas avanzaban como impetuoso aluvión, sin que poder alguno de la tierra fuera capaz de contrarrestar aquella arrolladora ola, que en un instante amenazaba destruir el pueblo de Tumaco.

El fervoroso recoleto no se intimidó; antes bien, descendió intrépido a la arena y, colocándose dentro de la jurisdicción ordinaria de las aguas, en el instante mismo en que la ola estaba ya llegando y crecía hasta el último límite el terror y la ansiedad de la muchedumbre, levantó con mano firme y con el corazón lleno de fe la Sagrada hostia a la vista de todos, y trazó con ella en el espacio la señal de la Cruz.

La ola avanza un paso más y, sin tocar el sagrado copón que permanece elevado, viene a estrellarse contra el ministro de Jesucristo, alcanzándole el agua solamente hasta la cintura.
En efecto: como impelida por invisible poder superior a todo poder de la naturaleza, aquella ola se había contenido instantáneamente, y la enorme montaña de agua, que amenazaba borrar de la faz de la tierra el pueblo de Tumaco, iniciaba su movimiento de retroceso para desaparecer, mar adentro, volviendo a recobrar su ordinario nivel y natural equilibrio.

A las lágrimas de terror sucediéronse las lágrimas del más íntimo alborozo; a los gritos de angustia y desaliento siguieron los gritos de agradecimiento y de alabanza, y por todas partes y de todos los pechos brotaban vivas a Jesús Sacramentado.

El suceso de Tumaco tuvo grandísima resonancia en el mundo, y de varias naciones de Europa escribieron al padre Larrondo, suplicándole una relación de lo acontecido.

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miércoles, 17 de junio de 2009

Devoción y Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

El próximo viernes, 19 de Junio (viernes posterior al segundo domingo tras Pentecostés) la Iglesia celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Además, el próximo domingo, día 21 de Junio, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el Cardenal Antonio María Rouco Varela renovará, en la explanada del Cerro de los Ángeles (Madrid), la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que el rey Alfonso XIII llevó a cabo hace 90 años.

Con tal motivo traemos a nuestra web dos videos. En uno de ellos se nos explica el origen, historia y devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el otro, el obispo de Palencia, D. José Ignacio Munilla, nos explica en qué consiste la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

Para una mayor información sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se pueden consultar muchos sitios webs, entre los que podemos señalar "Devocionario Católico" y "Aciprensa".










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martes, 16 de junio de 2009

Corpus Christi 2009: Actos y Celebraciones en nuestra Parroquia

TRIDUO EUCARÍSTICO:
  • Jueves día 18 a las 21h: Santa Misa predicada. Exposición de Santísimo.
  • Viernes día 19 a las 21h: Santa Misa predicada. Exposición de Santísimo.
  • Sábado día 20 a las 21:30h: Santa Misa predicada. Exposición de Santísimo.
SOLEMNIDAD DE LA OCTAVA DEL CORPUS CHRISTI:
  • Domingo día 21 a las 21h: Santa Misa predicada. Al terminar la misa, Procesión por las calles de nuestro barrio con el Santísimo Sacramento.
Merece la pena recordar un magnífico video con la procesión del Corpus en la ciudad de Nueva York, que el año pasado subtitulamos al español:

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lunes, 15 de junio de 2009

Necesidad de orar: Amar como Jesús amó

Sagrado Corazón de JesúsEn ti, Jesús, se ha hecho palpable la bondad de Dios y su amor para con todos nosotros. Nos has hecho ver la tierna bondad de nuestro Dios (Lucas 1, 78).

Él es constante en amarnos. Aunque una madre pudiera olvidar a su hijo, Él nunca se olvidaría de nosotros (Isaías 49, 15). Nos guarda como a la niña de sus ojos (Deuteronomio 32,10) y nos tiene grabados en la palma de sus manos (Isaías 49, 16). ¡Su fidelidad pasa de generación en generación! (Salmo 100, 5).

Tú nunca retirarás tu amor de nosotros. Tu corazón se conmueve y se remueven tus entrañas cada vez que te somos infieles (Oseas 11, 8). Y cuando tienes que reprendernos se te conmueve el corazón y te enterneces (Jeremías 31, 20).

¡Tanto nos quiere nuestro Padre Dios, que nos entrega a su Hijo Único! (Juan 3, 16). No se lo reserva como propio, sino que lo entrega por amor a nosotros. Lo abandona en la cruz (Marcos 15, 34) para no tener que abandonarnos a nosotros. Y le hace cargar con nuestros pecados para reconciliarnos con Él (2ª Corintios 5, 19)

En la cruz nos muestras, Jesús, la forma más sublime del amor. Jesús, nos ha dado el ejemplo, ahora quiere que nosotros amemos de la misma manera que Él amó a los amigos y enemigos. ¿Pero qué hacemos con aquel que nos cae mal o nos hizo una ofensa que no hemos olvidado?

Uno sólo es nuestro Padre, y todos nosotros somos hermanos (Mateo 23, 8). Por eso, el que ama de veras al Padre, ama también a todos los hijos de ese mismo Padre (1ª Juan 5, 1).

Si tanto nos ama Dios, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. El nos amó primero. Sólo si nos amamos unos a otros, permanecemos en Dios y Dios en nosotros (1ª Juan 4, 15).

De tal suerte eres Padre de todos, que nos pides siempre cuentas de la suerte de nuestros hermanos (Genesis 4, 9). Tanto es así, que si estamos para presentar nuestra ofrenda ante tu altar, y nos acordamos de que un hermano tiene algo contra nosotros, quieres que dejemos allí mismo nuestra ofrenda, y vayamos primero a hacer las paces con nuestro hermano (Mateo 5, 23). Condicionas tu perdón a cómo nosotros nos perdonemos unos a otros (Mateo 6,12).

Danos, pues, Jesús, tus mismos sentimiento, de forma que nos comportemos con el mismo amor con que tú te comportas con nosotros.

Para orar, podemos coger algunos de los textos de los citados anteriormente.

(Textos seleccionados de la obra: ORAR LA BIBLIA, Inspiraciones bíblicas, de José L. Caravias, S.J.)

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sábado, 13 de junio de 2009

Corpus Christi

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Lecturas: Éxodo 24, 3-8 // Salmo 116 // Hebreos 9, 11-15 // Marcos 14, 12-16.22-26

El Concilio Vaticano II define la Eucaristía como “Centro y Culmen de la vida cristiana”. Verdaderamente para cualquier cristiano la presencia de Cristo en la Eucaristía debe ser el centro, el cimiento de su fe. Y toda la vida debe confluir en el altar como culmen del amor a Dios y a los hermanos.

Hace dos mil años, se produjo el mayor acontecimiento de la historia de la humanidad: Cristo, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se encarnó, se hizo hombre. Sus contemporáneos pudieron oírle, verle, tocarle, contemplar sus milagros y ser objeto de su ayuda y de su amor. Muchos cristianos de hoy día añoran poder vivir esta experiencia, les gustaría haber sido testigos de las maravillas de Jesús como los apóstoles.

Es una añoranza que se puede cumplir cada día. Nosotros podemos vivir también esta experiencia, podemos escuchar su palabra, verle, sentirle, tocarle, saber que nos ayuda, que nos atiende, que nos ama.

Sí, queridos hermanos, Jesús sigue vivo, está realmente presente en nuestro mundo, en la Eucaristía, bajo la apariencia de los dones eucarísticos del Pan y el Vino, su Cuerpo y Sangre.

Hoy que celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, celebramos la realidad de Cristo paseando a lo largo y ancho de nuestra geografía diocesana, en cada una de las procesiones. El Señor encarnado en las calles, en los lugares en los que cada día desarrollamos nuestra vida cotidiana. Irá a la casa de los enfermos, pasará por los lugares de trabajo, por los lugares de ocio. Será la contemplación de Cristo en nuestras vidas.

Muchas veces me pregunto si somos totalmente concientes del milagro, de la realidad de la presencia de Cristo en nuestras eucaristías. Creo que por desgracia muchas veces estamos en la Iglesia sin darnos cuenta que Jesús en persona nos está esperando en el Sagrario, en el altar. Nos acercamos a comulgar y olvidamos que recibimos a Cristo. ¡Qué Grandeza! ¡Que regalo! Tiemblo sólo de pensar que es el Señor quien viene a mi vida, que lo tengo en mis manos, en mi boca, en mi corazón. Es sentir lo tremendo y fascinante del misterio de la Encarnación en la realidad de mi vida.

Cuando contemplo al Señor en la Custodia, me doy cuenta que yo también, como los discípulos, puedo hablarle, puedo sentirlo, puedo pedirle, puedo vivir su presencia. Al ver la custodia por nuestras calles revivo en mi la presencia de Dios caminando por las vidas de cada cristiano.

Esa es la realidad de la Eucaristía, esa es la presencia que adoramos en el Santísimo Sacramento del Altar. Es la mejor oración que podemos vivir, la oración de contemplación, de horas de Sagrario. Gracias a mi nombramiento como Director Espiritual Diocesano de Adoración Nocturna masculina y femenina, puedo estar largas horas de la noche en el turno de adoración de mi parroquia. Son horas de “Cenáculo”, de estar en el Señor. Como los discípulos de Emaus lo reconozco al partir el pan. Puedo adorar a Cristo en la custodia. Y no lo hago sólo, hay muchos adoradores y adoradoras que una vez al mes en muchas parroquias de nuestra diócesis adoran a Cristo Eucaristía en una Vigilia de oración en la noche.

Os invito a todos a crecer en nuestra fe, en nuestro amor a Cristo Eucaristía. Debemos amar los Sagrarios de nuestras parroquias. Allí está Jesús vivo esperando nuestra visita, nuestra oración, nuestro diálogo amigo. Son los lugares donde podemos hablar cara a cara con nuestro Dios.

Adoración de Jesús en la Eucaristía, en la Custodia, en la Comunión. Cuando comulgamos estamos tocando con nuestras manos, nuestras bocas, nuestros corazones a Jesús. Realmente recibimos a Cristo.

Pido a Jesús sacramentado que nos haga crecer en el amor eucarístico. Rezo para que valoremos, respetemos cada día más, la presencia real de Dios en la Eucaristía. Que cada vez que estamos en misa, en una boda, en un funeral, en cualquier celebración eucarística, experimentemos que estamos delante de Cristo, realmente presente. Es el mismo Dios el que nos convoca, nos reúne, nos perdona, nos fortalece.

Dios se presenta en medio de nuestra realidad y nosotros, muchas veces, estamos en las nubes, pensando en nuestras cosas y somos incapaces de verle en la Eucaristía.

Si fuésemos concientes de la Presencia de Cristo en los dones eucarísticos, no estaríamos distraídos en la misa, rezaríamos en el Sagrario, desearíamos tener un ratito cada día para estar con el Señor.

Que este gran día del Corpus en nuestra diócesis sea un momento de profundo crecimiento en nuestro Amor a Cristo y a su presencia real en la Eucaristía. Sirva para reavivar en nosotros la fe eucarística.

Que el Señor nos bendiga a todos y de nuestros corazones salga un grito de jubilo: “Viva Jesús Sacramentado” “Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar” “Sea por siempre bendito y Alabado.

Tomás Pajuelo. Párroco

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jueves, 11 de junio de 2009

Rogatoria por María

María, una hermana de Sevilla, en un comentario a uno de nuestros artículos nos pide oración por su marido para que su convivencia sea mejor.

Rogamos oraciones por María y su marido, por todos aquellos matrimonios que están atravesando una crisis familiar y nos han pedido con anterioridad oraciones y, en general, por todas aquellas parejas que están en un mal momento de su relación, que, por desgracia, en la actualidad, son bastantes.

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