martes, 8 de marzo de 2011

Avisos para la Cuaresma 2011

Todos los domingos de cuaresma en la parroquia se expondrá el Santísimo a las 19h y habrá 45 minutos de silencio y oración para poder vivir el desierto cuaresmal. A las 19:45h se hará la reserva del Santísimo para comenzar la Eucaristía a las 20h. Habrá un sacerdote para confesar durante ese tiempo y durante la misa si es posible.

El día 20 desde las 17h será el RETIRO PARROQUIAL DE CUARESMA. Hasta las 20h que empieza la misa.

Read more »

domingo, 6 de marzo de 2011

Misas del Miércoles de Ceniza 2011

El día 9 de marzo, Miércoles de Ceniza, día de ayuno y abstinencia, se celebrarán misas en nuestra parroquia a las 18'00 h. y a las 20'00 h. En ellas iniciaremos la cuaresma 2011 con el rito de la imposición de la ceniza.

A continuación se reproduce el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011:

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2011

«Con Cristo sois sepultados en el Bautismo,
con él también habéis resucitado»
(cf. Col 2, 12)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio I de Cuaresma).

1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.

El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.

Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.

2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».

Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Enc. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).

En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años... Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.

En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.

En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.

Vaticano, 4 de noviembre de 2010

BENEDICTUS PP. XVI



Read more »

sábado, 5 de marzo de 2011

«Meteos en el corazón estas palabras»

IX Domingo del Tiempo Ordinario

Lecturas: Deuteronomio 11,18.26-28.32. // Salmo 31 // Romanos 3,21-25.28 // Mateo 7,21-27

Queridos hermanos, en este Domingo noveno del tiempo Ordinario,a las puertas de empezar la Cuaresma, os recuerdo que el próximo día 9 de Marzo es Miércoles de Cenias, la Palabra de Dios nos habla hoy de la necesidad de vivir en la VERDAD. De ser hombres y mujeres que asientan su vida sobre la Roca que es Cristo.

En la primera lectura, del libro del Deuteronomio, Moisés habla en nombre de Dios, íntimamente persuadido de la misión que se le ha encomendado. Por eso suplica al pueblo con acentos encendidos: Meteos en el corazón estas palabras. Grabadlas en vuestra alma, metedlas en vuestros corazones. Son tan importantes y tan decisivas que de ellas depende la salvación presente y la eterna.

Es cierto que aquellos hombres se percataron de la importancia de la Ley de Dios y que, por ser fieles a sus mandamientos, muchos sufrieron el martirio. Pero otros se contentaron con una fidelidad meramente externa, con una interpretación superficial. Muchos israelitas, como muchos cristianos hoy, vivian la fe de cara a la galeria. Es lo que me habéis oido muchas veces, el CUMPLIMIENTO de la ley, CUMPLO: es verdad que externamente cumplo o intento cumplir las normas pero por dentro no las hago mías. MIENTO: así vivo, por fuera muy cumplidor pero por dentro en mi corazón y en mis obras, lleno de pecado y sin ánimo ninguno de conversión. También hoy existen los que oyen la palabra de Dios y en lugar de meterlas en el corazón y en el alma, las usan como un simple adorno. Hacen de la religión un mero formulismo social que no llega hasta su intimidad, algo que no les hace cambiar sus vidas de pecado, algo que no transforma sus vidas egoístas en vidas de amor y de entrega.

"La bendición, sigue diciendo el autor sagrado, si escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios y os desviáis del camino que os marco...". Dios no nos engaña, ni quiere cogernos de sorpresa. Él nos avisa con tiempo, nos pone en guardia. Su bendición en nuestra vida y en nuestra muerte si somos consecuentes con sus palabras, si guardamos sus mandamientos. Bendición que lleva consigo paz, amor, alegría, serenidad en el alma... Maldición de Dios. La más terrible de las maldiciones. Dolor y angustia, desesperación y agobio, sufrimiento hondo y pena sin fin.

"Aquel día", alusión clara al día definitivo, al día último de la Historia. Día que no sabemos cuándo será, pero que indefectiblemente llegará. Día de la ira lo llama la antigua e impresionante secuencia del Oficio de Difuntos. Día del juicio de Dios. Cuántas sorpresas habrá entonces, cuántos quedaremos al descubierto, sin que puedan usarse ya esas máscaras que, de ordinario, todos llevamos puestas. Día de vergüenza y de pesar. Vergüenza porque se pondrán de manifiesto muchos delitos y pecados, que permanecieron ocultos e impunes, o sólo confesados a medias, o declarados ante un desconocido al que no quisiéramos nunca más volver a ver.

También habrá pesar y llanto desconsolado en aquel día. Porque ya no será posible rectificar. Ni tener otra oportunidad para corregir el mal hecho. Del lado en que el árbol caiga, de ese lado permanecerá caído. Todo eso es una terrible verdad que debe empujarnos a rectificar, ahora que todavía estamos a tiempo de hacerlo. Pensemos que no sabemos cuánto dura el tiempo que se nos concede aún. Para unos quizá quedan pocos días, para otros es posible que más. Pero de todas formas, el tiempo es siempre muy breve y se nos va volando.

Pero, para que ese día no sea para nosotros día terrible y día de miedo, el Evangelio que escuchamos hoy nos da la solución: CONSTRUIR nuestras vidas cimentados en la ROCA firme que es Jesucristo. Jesús nos muestra su enseñanza con una comparación sobre la tontería que es hacer una edificación en la arena y hacerla sobre roca. Por supuesto la que está en la arena se cae a la primera acción de las lluvias, de las corrientes y de los vientos. Pues bien, así de tontos como el constructor en arenas es el que, conociendo la voluntad del Señor, sigue a profetas falsos, astrólogos, brujos, adivinos, el tarot, conseguidores de todo lo que uno desea, otorgadores de falsa paz, anunciadores de números premiados, etc. “El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica”

No sucede lo mismo con la casa construida en la roca. Pueden venir vientos y tempestades, pero la casa está firmemente cimentada en la roca. ¿Y quién es esa “roca”? Es Cristo. Es Dios. Es su Palabra. Son sus instrucciones. Es su Voluntad. Perdonad que lo repita varias veces, pero es muy necesario que nos demos cuenta donde tenemos que anclar nuestras vidas. Significa que vendrán vientos. Vendrán tempestades y lluvias. Pero unidos a su Voluntad, unidos a El, verdadera y sinceramente, podremos sentir los embates de las tempestades del Enemigo de Dios, pero no podrán derribarnos. “Vino la lluvia, bajaron los torrentes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca”.

No quiere decir que estaremos libres de ataques, pues estaremos sometidos a las mismas tentaciones y riesgos que el constructor tonto, pero estaremos firmes y fuertes cimentados en la roca. El mundo nos hará sufrir, tendremos los mismos problemas o más que nuestros vecinos, amigos y familiares, pero nuestra fe sincera nos ayudará a vivirlos de una manera distinta.

Señor, te pedimos que cures nuestra ceguera, que ilumines nuestro torpe entendimiento. Que comprendamos que tus palabras van en serio, que no son una simple amenaza para meternos miedo. Haz que tu doctrina se nos meta muy dentro, muy en lo hondo. De tal forma que sea tu Ley la que siempre determine nuestro actuar. Y que al final, y en el presente tu bendición, venga sobre nosotros. Os deseo a todos un feliz día del Señor, en compañia de vuestros seres queridos y de la comunidad parroquial. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo. Párroco


Read more »

Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Español

Los pasados 7, 8 y 9 de febrero de 2011 se celebró en Madrid un Congreso sobre "La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia".

Entre otros frutos del congreso, uno de ellos ha sido la presentación de la Sagrada Biblia en versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, que ya está a la venta.

A continuación se ofrecen dos conjuntos de información muy interesantes:
  • El sitio web del congreso y la nueva Biblia
  • Las ponencias del congreso, que son las siguientes:
    • 01- Sesión de Apertura
    • 02- La Sagrada Escritura en la Iglesia
    • 03- La Biblia de la CEE. Historia de un proyecto editorial y eclesial
    • 04- La Biblia de la CEE. Criterios técnicos y desarrollo de la obra
    • 05- La Biblia de la CEE. Criterio exegéticos y teológicos
    • 06- Criterios para el reconocimiento de las versiones de la Sagrada Escritura en la Instrucción Liturgiam Authenticam
    • 07- La lectura eclesial del Antiguo Testamento
    • 08- La Biblia en los Padres de la Iglesia
    • 09- Exegesis bíblica y vida eclesial
    • 10- La Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia
    • 11- Testimonio apostolico sobre Jesús y la historia
    • 12- Lectura orante de la Sagrada Escritura (lectio divina)
    • 13- La Sagrada Escritura, alma teológica
    • 14- La Pastoral bíblica. Historia y perspectivas
    • 15- Sagrada Escritura y pedagogía de Dios en la cultura del tiempo
    • 16- Catequesis e historia de la salvación
    • 17- La liturgia, marco privilegiado de la Sagrada Escritura
    • 18- Y el verbo se hizo carne. Naturaleza sacramental de la revelacion cristiana
    • 19- Lectura cientifica de la Sagrada Escritura
    • 20- Palabra de Dios y compromiso en el mundo
    • 22- La Sagrada Escritura en la Catequesis de iniciación cristiana

Read more »

Recuerdos de la visita pastoral de nuestro Obispo


La Visita Pastoral de nuestro Obispo a la Parroquia del Beato Álvaro ha dejado muchos bienes del espíritu en la parroquia.

Además de eso, y fruto de la alegría por el paso del pastor, han quedado estos buenos recuerdos:


De Visita Pastoral de nuestro Obispo - 2011

Visita Pastoral de nuestro Obispo - 2011

Read more »

viernes, 4 de marzo de 2011

Testimonios de la visita pastoral de nuestro Obispo (III)

La Visita Pastoral de nuestro Obispo a la Parroquia del Beato Álvaro ha suscitado una serie de testimonios que publicaremos conforme vayan llegando en forma de comentarios en la web o de mensajes a la dirección de correo de la parroquia, indicando sólo el nombre de pila del/la autor/a.

Anímate a compartir tu testimonio. No se puede nunca saber qué sentimientos moverá el Espíritu en las demás personas, pero seguro que ese compartir no será estéril.

A continuación, otro de los testimonios:


La visita de nuestro obispo me deja dos sensaciones: de sentir comunitario y de profundo agradecimiento.

Por un lado, gracias a la fe y a confirmaciones como las de esta visita tengo la certeza de que esta es la Iglesia que Cristo quería para ayudar en Su tarea de salvación de los hombres. Esta y no otra, la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, que hereda del sucesor de Pedro la encomienda apostólica que en estos momentos nos bendice con Don Demetrio y con nuestros benditos pastores Don Tomás y Don Emiliano. Y no sólo porque vea en ellos signos de una sincera y humilde aspiración a la santidad, como debiera ser en todos los cristianos, ni porque haya vivido de cerca la tremenda ilusión y alegría de todos los feligreses alrededor de sus pastores en comunión con Cristo a través de los sacramentos, sino porque tengo la convicción de que esta forma de peregrinar en este mundo que nuestra Iglesia tiene establecida y perfecciona con el tiempo y la lu del Espíritu Santo es la que Jesucristo quiere. Esta visita me refuerza esa percepción.

Y por otro lado, agradecimiento porque podíamos tener otra parroquia, una en la que no tuviéramos la suerte de contar con estos pastores ni con estos feligreses, una en la que el Señor nos hubiese enconmendado la prueba de contar con muchas dificultades a causa de las debilidades de las personas, de los recursos y hasta de la fe. Felizmente no es así, y estoy agradecidísimo al Señor de que nos bendiga con este tesoro, que debemos valorar, cuidar y, como talento que es, incrementar.

Alabado sea Dios.


Anónimo


Read more »

miércoles, 2 de marzo de 2011

Testimonios de la visita pastoral de nuestro Obispo (II)

La Visita Pastoral de nuestro Obispo a la Parroquia del Beato Álvaro ha suscitado una serie de testimonios que publicaremos conforme vayan llegando en forma de comentarios en la web o de mensajes a la dirección de correo de la parroquia, indicando sólo el nombre de pila del/la autor/a.
Anímate a compartir tu testimonio. No se puede nunca saber qué sentimientos moverá el Espíritu en las demás personas, pero seguro que ese compartir no será estéril.

A continuación, otro de los testimonios:
Me han gustado muchísimo las fotos de la visita de D. Demetrio a nuestra Parroquia. Me ha tocado el corazón verlo con los enfermos, con los estudiantes, con los niños y los jóvenes, con los monaguillos y con los colaboradores, con la grey que le ha sido encomendada. Tiene para todos un cariñoso y delicado gesto. Me imagino si subiera a mi casa, o entrara en mi clase o en mi trabajo. Que gran gozo. !Que fortuna¡

Para todos nosotros ha sido un regalo único del Señor que guardaremos entrañablemente. Este sucesor de los Apostoles, no solo es erudito y sabio, sino también pastor bueno que junto con sus presbíteros me han transmitido santidad, porque son constituidos como principios de fe y unidad, son como sacramentos visibles. Son la presencia de Cristo en medio de su pueblo y todo ello para el bién nuestro. Que suerte tenemos de estar en tan buenas manos.

Recemos por ellos y demos Gracias siempre.


Rafael


Read more »