martes, 31 de mayo de 2011

Musical "Padre"


Venta de Entradas (3 €) en nuestra Parroquia, en la librería del Obispado y en la librería Monte Sión (Plaza Carrillos). AFORO LIMITADO. Desde esta web os animamos a todos a asistir a este musical y colaborar así con el Seminario Menor.

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domingo, 29 de mayo de 2011

Aviso: Horarios de verano 2011

A partir del próximo miércoles 1 de junio (hasta el 1 de septiembre) se modifican los horarios en nuestra Parroquia del Beato Álvaro y pasan a ser los siguientes:

MISAS:
  • LUNES a VIERNES: 21h.

  • SÁBADOS: 21:30h

  • DOMINGOS: 10h, 12h y 21:30h.

EXPOSICIÓN SANTÍSIMO
  • Martes de 20h a 21 h.

CONFESIONES:
  • Todos los días 1 hora antes de la misa en despacho parroquial.

  • Sábados y Domingos: Durante las misas.

  • Martes durante la Exposición.

DESPACHO PARROQUIAL:
  • Todos los días 1 hora antes de misa.

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sábado, 28 de mayo de 2011

«Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos»

VI DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Hechos de los Apóstoles ,5-8.14-17 // Salmo 66(65) // 1Pedro 3,15-18 // Juan 14,15-21

El Evangelio de hoy continúa con el discurso de Jesucristo a sus Apóstoles durante la Ultima Cena.  Y en sus palabras el Señor nos indica los requerimientos del Amor de Dios y también la recompensa para aquéllos que cumplan esos requerimientos. Sabemos que Dios es infinitamente generoso en su Amor hacia nosotros sus creaturas.  Pero también es exigente al requerir nuestro amor hacia El.  Si no, ¿qué significan estas palabras del Señor? “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama... El que no me ama, no guarda mis palabras... Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos.” (Jn. 14, 15-24). Aquí Jesús nos está mostrando, no solamente las exigencias del Amor de Dios, sino también nos está indicando algo que es esencial en el amor: quien ama complace al ser amado.  Y ¿qué es complacer a quien se ama?  Es justamente cuidarse de no ofenderle, de no desagradarle, de no hacer lo que sabemos que le molesta;  por el contrario, es tratar de hacer en todo momento lo que le cause alegría y agrado.

Dios nos ama con un Amor infinito -sin límites-, con un Amor perfecto -sin defectos- ... porque Dios es, no sólo la fuente de todo amor, sino que El es el Amor mismo (cfr. 1 Jn. 4, 8).

Amar a Dios es complacerlo en todo: en hacer su Voluntad, en cumplir sus mandamientos, en guardar sus palabras.  “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama... El que no me ama, no guarda mis palabras”.  Amar a Dios es amarlo sobre todas las personas y sobre todas las cosas; amarlo a El, primero que nadie y primero que todo... y amarlo con todo el corazón y con toda el alma.

En este pasaje del Evangelio de San Juan, Jesús nos dice cuál es nuestra recompensa por amar a Dios, como El lo merece y como El lo requiere.  Esa recompensa es ¡nada menos! que El mismo: “Al que me ama a Mí, lo amará mi Padre; Yo también lo amaré y me manifestaré a él... y vendremos a él y haremos nuestra morada en él” (Jn. 14, 21-24).
Pero... si observamos bien nuestra actualidad: los hombres y mujeres de hoy ponemos nuestra confianza y nuestra admiración en los poderosos, en los artistas, en los modelos de belleza, en las estrellas deportivas, etc.  Podríamos decir que nos identificamos con ellos, les damos todo nuestro aprecio -inclusive nuestro amor- llegando a imitar sus maneras de ser, siguiendo sus recomendaciones, etc. 

Pero... pensemos bien... ¿qué mayor Poder que el de Dios, fuente de todo poder? ¿Qué mayor Belleza que la de Dios, fuente de toda belleza?  ¿Qué mayor Bondad que la de Dios, fuente de todo bien?  En fin, ¿quién es más merecedor de nuestro amor, de nuestra confianza, de nuestra admiración, de nuestra voluntad, que Dios?

Los hombres y mujeres de hoy hemos sido absorbidos por las cosas del mundo: poder, dinero, riquezas, placeres, frivolidades, vicios, pecados, conductas erradas, apegos inconvenientes, etc., etc.   Unos más, otros menos, todos estamos sumergidos en un mundo muy alejado de los valores eternos, muy desprendido de las cosas de Dios, muy desapegado de lo que realmente es valioso y duradero.

Y corremos el riesgo de no poder recibir esa recompensa que Cristo nos ofrece, que es El mismo.  “El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce” (Jn. 14, 16-17).  Se refiere al Espíritu Santo -es decir, el Espíritu del Padre y del Hijo- que El nos envía para estar siempre con nosotros, para enseñarnos la Verdad, para recordarnos todo lo que debemos saber.

En efecto, al estar nosotros sumergidos en lo que el Señor llama “mundo”, es decir, todos esos apegos frívolos, vacíos, insignificantes, intrascendentes, negativos, no podemos percibir al Espíritu Santo.  Sólo pueden percibirlo aquéllos que aman a Dios, aquéllos que tienen a Dios de primero en sus vidas, aquéllos que buscan hacer la Voluntad de Dios, aquéllos que buscan complacer a Dios en todo.  Si no es así, se permanece ciego al Espíritu Santo, no se siente su suave brisa, no se perciben sus gentiles inspiraciones.

En la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hech. 8, 5-8, 14-17),  vemos la importancia que se daba al comienzo de la Iglesia a que los cristianos recibieran el Espíritu Santo.  Fijémonos que Pedro y Juan se trasladan desde Jerusalén a Samaria, para que aquéllos que recientemente habían aceptado la Palabra de Dios, recibieran también el Espíritu Santo. 

Vemos que en esta Lectura se nos dice con cierta preocupación que esos nuevos cristianos “solamente habían sido bautizados en nombre del Señor Jesús, pero no habían recibido aún al Espíritu Santo”,  comentario que nos hace volver a aquellas palabras de Jesús a Nicodemo: “Quien no renace del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn. 3, 5).

Significa esto que no basta que seamos bautizados y que creamos en la Palabra de Dios.  Necesitamos, además, recibir el Espíritu Santo.  El es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.  El es el Espíritu del Padre y el Espíritu de Jesús.  El es la promesa que Jesús hizo solemnemente a sus Apóstoles antes de morir y antes de partir de este mundo. Nos dice que para recibir al Espíritu Santo, tenemos que creer en Dios y tenemos que cumplir sus Mandamientos; pero, además, tenemos que distanciarnos de las cosas del mundo, pues si permanecemos atados al mundo, nos quedamos ciegos: no podemos ni ver, ni conocer al Espíritu Santo.  Así nos dice el Señor: “El mundo no puede recibir el Espíritu Santo, porque no lo ve ni lo conoce.  En cambio, vosotros  (los que hacéis mi Voluntad, los que cumplís mis Mandamientos) sí lo conocéis, porque habita entre vosotros s y estará en vosotros”  (Jn. 14, 15-18).

Recibimos el Espíritu Santo de una manera plena en el sacramento de la Confirmación, tercera sacramento de la iniciación cristiana. El cristiano se bautiza, recibe en la confirmación la plenitud del Espíritu Santo y participa en la Eucaristía, alimento de vida eterna. No se entiende un cristiano que quiera vivir en Cristo y desde Cristo que no haya recibido los sacramentos de la iniciación, que no esté confirmado. Este es el motivo por el que la iglesia, para poder recibir los sacramentos del matrimonio y Orden sacerdotal exige estar confirmado. Si no estamos plenamente unidos a Cristo por la plenitud del Espíritu Santo ¿Cómo vamos a consagrar nuestra vida a Dios en el matrimonio y el orden sacerdotal? Hay que ir recibiendo los sacramentos progresivamente y en cada momento de la vida. También es necesario estar confirmados para ser padrinos de bautismo y confirmación. Ser padrinos es asumir el compromiso ante Dios y su Iglesia de ocuparme de educar cristianamente al bautizado. De garantizar que va a ser injertado progresivamente en la vida de la Iglesia y en los sacramentos, por eso el padrino tiene que haber recibido los sacramentos del bautismo, confirmación y la Eucaristía para poder ser ejemplo y ser educador del recién bautizado. ¿Cómo puede ser uno maestro de algo que no ha recibido?

Dios nos sigue interpelando con su Palabra, día a día, semana a semana.  Esta semana nos promete el Espíritu Santo y nos llama a amarle a El, indicándonos cómo: cumplid lo que Yo pido, guardad mis Mandamientos,  haced mi Voluntad.  Y nos indica también cuál será nuestra recompensa: nada menos que el tenerlo a El mismo y el ser amados por El como sólo El sabe hacerlo: en forma perfecta e infinita. Mientras busquemos en las cosas de este mundo y en los seres de este mundo lo que nuestro corazón ansía, seguiremos insatisfechos, deseando siempre algo más.  Ese “algo más” que siempre nos falta es el amor a Dios, pues sólo en El hallaremos el descanso, la alegría, la paz que ni el mundo, ni las creaturas pueden darnos.  Sólo El es la plenitud infinita que nuestro corazón busca y no encuentra, y que sólo hallará cuando lo busque a El.  Sin embargo, nos dice San Pedro en la Segunda Lectura (1 Pe. 3, 15-18)   que a veces la conducta cristiana puede traer críticas, pero advierte que “mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal”.    

Nos falta muy poco para celebrar la gran solemnidad del Espíritu Santo: ¡¡PENTECOSTÉS!! 

Recemos y supliquemos a Dios que nos transforme con la gracia de su Espíritu.
Que tengáis un feliz domingo. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo. Párroco


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lunes, 23 de mayo de 2011

"Los Sacrificios son el principal medio para terminar con el Mal"



“Son los sacrificios que comportan el cumplimiento diario de los deberes del propio estado, ofrecidos en reparación por nuestros pecados y la conversión de los pecadores, el principal medio para terminar con el mal que amenaza al mundo de hoy.”

“El Rosario es una de las principales ayudas otorgadas por Nuestra Señora para facilitarnos el cumplimiento diario de los deberes propios de nuestro estado (en los misterios del Rosario, no solamente se encuentra una síntesis de la vida del Cristo, sino también la gracia para vencer cualquier posible tentación).”

Sor Lucia (Una de las videntes de Fátima)
En una entrevista concedida al periodista
John M. Haffert, Cofundador del Ejercito Azul.

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sábado, 21 de mayo de 2011

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida»

V DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Hechos de los Apóstoles 6,1-7 // Salmo 32 // 1Pedro 2,4-9 // Juan 14,1-12

Queridos hermanos y hermanas:

La liturgia de la Palabra de este tiempo de Pascua sigue poniendo ante nosotros los textos del libro de los Hechos de los Apóstoles, retazos de la vida de los primeros cristianos. Ya hemos visto cómo vivían todos unidos con un solo corazón y con una sola alma, cómo se ayudaban los unos a los otros en todo lo que podían, moral y materialmente.

Sin embargo, hoy vemos como ya entonces hubo dificultades en la convivencia, roces entre unos y otros, opiniones encontradas. Entonces eran los cristianos de lengua griega contra los cristianos de lengua hebrea. No están conformes con su actuación y protestan, llegando a decir que es injusta, poco imparcial. Como vemos el pecado hace siempre de las suyas, no todo en las primeras comunidades era "ejemplar" pero la mayoria de ellos vivieron de tal manera su fe que convirtieron a sus contemporáneos.

Los Apóstoles serán los encargados de dirimir la cuestión, serán los árbitros y jueces cuya decisión se aceptará incondicionalmente. Es lo que se denomina el primer concilio de Jerusalén. Los primeros cristianos tinen muy claro en sus vidas que Jesús puso a los apóstoles para el gobierno y la santificación de la iglesia. Ellos son los encargados de guiar, en el nombre de Cristo, a la Iglesia. Y como entonces, también luego, muchas veces a lo largo de los siglos, serán los sucesores de los Apóstoles, los obispos, con el Papa a la cabeza, los que solucionen las cuestiones debatidas, los que digan la última palabra. A nosotros sólo nos queda aceptar con espíritu de fe lo que decidan, estemos o no de acuerdo.

Ante las quejas, los Apóstoles responden: "No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para dedicarnos a la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra" (Hch 6, 2-4).

Era lo propio de ellos, rezar y predicar. Lo otro, el atender a los pobres, con ser una cosa muy buena, no era propiamente lo suyo. Ellos habían de tener tiempo para la oración y para proclamar el mensaje de Cristo. Por eso deciden que propongan a siete hombres de buen espíritu y de buena formación, para que atiendan al servicio de beneficencia.

Son los primeros diáconos. Es digno de notar cómo son los Apóstoles los que les imponen las manos, consagrándolos para la misión que se les encomienda. El pueblo fiel sólo los propone, y eso porque los Apóstoles así lo determinan. Es un detalle más de la condición jerárquica, no democrática, de la Iglesia. Cristo mismo lo quiso así, y por mucho que soplen los aires de una fácil demagogia, la Iglesia no podrá cambiar sus estructuras, las que el Señor instituyó.

Son muchas las ocasiones en que Jesucristo anima a los suyos, exhortándolos a que no tengan miedo, a que no pierdan la calma. En otras ocasiones les echa en cara su falta de fe, su actitud apocada o temerosa. Para un hombre que cree en el poder y el amor de Dios, no es concebible el miedo y la angustia. En esta ocasión que consideramos, las palabras de Jesús fueron pronunciadas en la última Cena, en la víspera de su pasión y muerte. Por eso tienen un mayor significado y valor.

Hay muchas moradas en la mansión del Padre, les dice, hay sitio para todos. Algunos han interpretado estas palabras como reconocimiento de que hay múltiples formas de caminar hacia Dios, y que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra. Desde luego, es cierto que Dios, al querer libre al hombre, permite muchas maneras de amarle y de servirle. Esto nos ha de animar a caminar por nuestro propio sendero, con alegría y con decisión, conscientes de que si lo recorremos con la mirada puesta en Dios, amándole con toda el alma, nuestro camino, sea el que sea, nos llevará hasta la meta ansiada, hasta la salvación eterna de nuestra alma.

Todo camino humano, por tanto, puede ser divino. Para ello es preciso recorrerlo, decíamos, con la mirada puesta en Dios, queriéndole sobre todas las cosas. Jesús nos lo especifica y aclara todavía más, nos señala sin titubeos el camino, diciéndonos que él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Por eso es necesario que todos los caminos humanos, para ser divinos, han de pasar de una forma u otra por Cristo mismo. Es decir, en nuestro caminar de cada día hemos de procurar imitar a Cristo, ser fieles a su doctrina de paz y de gozo, de esfuerzo y de lucha. Este evangelio, estas palabras del Señor, son una llamada a la esperanza. Para nosotros los cristianos la vida no termina con la muerte, estamos llamados a esa vida en plenitud en las moradas eternas que Dios nos tiene preparadas. Es la esencia de nuestra fe: Cristo ha muerto pero al tercer día RESUCITÓ, está vivo, está en medio de nosotros en el Sagrario, en la Eucaristía, en el hermano pobre, en los sacramentos, en la comunidad... ¡Cristo VIVE!

De aquí la importancia de contemplar con frecuencia la vida de Cristo, de escuchar y de meditar sus palabras, de tratarle en la oración, de recibirle en nuestra alma en la Sagrada Comunión, limpios y fortalecidos con la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia. Hay que vivir con el afán constante de no apartarnos nunca de Cristo y de estar pendiente de él, hagamos lo que hagamos. De ese modo nos iremos pareciendo más y más a Jesús, llegaremos a identificarnos con el, hasta el extremo de que su camino sea nuestro propio camino. El DOMINGO es el día del Señor, el día de la Resurrección. Es el día en el que toda la iglesia proclama que Jesús está vivo y que está presente en nuestro altar. Nos reunimos para escucharle, para recibirlo, para sentirnos hermanos entre nosotros. Vivamos el domingo con verdadero espíritu de fe, de entrega, de RESURRECCIÓN.

Feliz domingo a Todos. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo. Párroco


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martes, 17 de mayo de 2011

Contra la crítica, la murmuración y la maledicencia


Nunca debemos olvidar que lo que sale de nuestra boca, demuestra lo que somos. Si hacemos daño a alguien, deberemos purificar con sufrimiento esa obra. Recordadlo: Nunca hableís mal de nadie. Dios lo escucha todo, y aquél de quien habláis mal es su hijo, y os pedirá cuentas.

José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, España, 1968),
sacerdote y teólogo,
opinando en su blog.

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sábado, 14 de mayo de 2011

«El señor es mi pastor, nada me puede faltar»

IV DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Hechos de los Apóstoles 2,14.36-41 // Salmo 22 // 1Pedro 2,20-25 // Juan 10,1-10

Pascua es tiempo de aleluyas y de alegría porque es tiempo de vida nueva y resucitada. Este domingo celebramos el domingo del buen pastor, el día de los párrocos y de todos los sacerdotes con cura de almas, es decir, que tienen a su cargo una feligresía a la que atender, enseñar y santificar. Hoy la Iglesia pide a sus fieles que oren por sus pastores, que recen por sus "curas" para que el Señor los haga pastores según el corazón de Cristo, el Buen pastor. Jesús es el buen Pastor. Y el buen Pastor da la vida por sus ovejas. El asalariado huye ante el lobo y abandona a las ovejas que no son suyas. Si yo soy dueño de una casa la cuido y la defiendo y la mantengo limpia. Si yo tengo un negocio le dedico tiempo porque es mi vida y la de mi familia. Si yo tengo un hijo es mi preocupación 24 horas al día. Pero la canguro, el empleado, hacen sus horas, cobran su sueldo y si la casa está sucia, si el negocio se hunde o el niño se muere, allá el dueño, allá el negocio, allá el niño.

Jesús es el buen Pastor 24 horas, 365 días. Y nosotros, los bautizados, somos sus ovejas. Y lo somos siempre. Cuando somos buenos y cuando somos unos vagos. El buen Pastor dio la vida y la da cada día por nosotros... Creo que no somos capaces de valorar hasta que punto nos ama Cristo, el Buen Pastor, de valorar que se ha entregado por nosotros, que ha muerto para salvarnos, para darnos la vida, para darnos el perdón. Esta pequeña parábola quiere significar el amor de Cristo por cada uno de nosotros en la cruz: "Dice un escritor que cuando Jesús moría en la cruz se le acercó la serpiente y le susurró al oído: Jesús mira a la gente, mírales. No merece la pena que sufras tanto por esas ovejas desagradecidas. Mándalas a todas al infierno. Y Jesús contestó a la serpiente: "Prefiero morir a dejar de amarlas."

El buen Pastor da su vida por sus ovejas. Dios le encomendó una misión y prefirió morir a dejar de amar, amarnos, amarte, a ti oveja negra de su rebaño. Es verdad que el amor infinito del Buen Pastor nos sobrecoge, pero y ¿nosotros qué ovejas somos? Es cierto que Cristo nos ama, que hoy nos fijamos en esa entrega del Señor pero me gustaría que también nos fijáramos hoy en cada uno de nosotros, las ovejas de su rebaño, y delante de Él, delante de la Cruz, meditásemos ¿qué oveja soy yo? ¿Seríamos de esas ovejas que la serpiente, el demonio, le susurra al oido diciendo que somos unas desagradecidas? Creo que muchas veces sí. Lo que voy a decir, me lo habréis oido varias veces, pero es la realidad: muchas personas me piden, como pastor, que pida por sus necesidades, que rece por sus enfermos, que ore por sus pecados y lo hago de todo corazón. Pero ¡Qué pocas personas vienen después a que ore dando las gracias a Dios por los favores recibidos! Es la realidad, cuando el sufrimiento achucha nos acordamos de Dios, pero cuando el nos bendice, nos olvidamos de Él. Pues no olvidemos que somos sus hijos, criaturas suyas. Somos suyos, somos hechos a imagen de Dios, y Jesús no quiere que nadie se pierda. Por eso nunca dejará de amarte. No dudes nunca, nunca, de su amor. No te preguntes, quién soy yo para que Jesús me ame. Yo, un don nadie. Sí, a ti, oveja de su rebaño, a ti te ama y dio su vida por ti. Y la dio libremente. Con su muerte Jesús establece la diferencia entre el buen pastor y los pastores asalariados. Los que hablan de Jesús. Los que se hacen ricos y famosos a costa de Jesús y los que toman en vano su nombre. El buen Pastor ama y da su vida. Mis ovejas conocen mi voz. La voz del amor, de la sangre derramada, la voz del Espíritu. ¿De verdad conocemos su voz? ¿Conocemos y amamos a Cristo hasta conocer sus deseos para con nosotros?¿Nos esforzamos cada día mediante la oración, los sacramentos,la lectura de la Biblia... en conocer a Jesús?

Pastor y rebaño llamados a vivir una nueva intimidad, llamados a amar pero ahora con poder, con un poder que sana y resucita. Cuando reconoces que eres del Señor, tienes libertad para ser pastor de los hermanos. Intimidad que me libera, que me santifica, que me llena de vida. Cristo te ama con locura, te ama hasta entregarse por tí. Amemos nosotros a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, con todo lo que somos.

Quiero pediros hoy que recéis especialmente por mi, el pastor que Dios ha puesto al frente de esta parte de su rebaño que peregrina en la Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba, para que sea el buen pastor que vosotros os merecéis, para que mi vida se vaya configurando cada día más al corazón de Cristo Buen Pastor y pediros de corazón perdón por todas las veces que me haya equivocado y no he actuado como buen pastor. Que la Virgen Santísima nos conceda a todos vivir como ovejas que aman, que se aman y que obedecen en su vida a Cristo el Buen Pastor. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo. Párroco


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