sábado, 22 de octubre de 2011

«Amarás al Señor, tu Dios»

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A

Lecturas: Éxodo 22, 20-26 // Salmo 18 // 1ª Tesalonicenses 1, 5-10 // Mateo 22, 34-40.

Queridos hermanos y hermanas:

Las lecturas de este domingo nos hablan del amor... del amor en sus dos dimensiones: amar a Dios y amar al prójimo. En estos dos mandamientos se encierra la voluntad de Dios revelada en la Sagrada Escritura. Nuestra relación con Dios va en sentido vertical y nuestra relación con el prójimo va en sentido horizontal, como formando una cruz, en la cual uno y otro eje son indispensables. No puede separarse uno del otro. Esto es muy importante porque cuando despojamos al amor de Dios de la entrega a los hermanos, caemos en un espiritualismo desencarnado y totalmente contrario a la voluntad de Dios. Y cuando olvidamos el amor a Dios por entregarnos sólo y exclusivamente al hermano, ceamos en un activismo secular que olvida a Dios.

Si decía que no -pensaron ellos- podría ser interpretado como desobediencia a la autoridad civil, en manos de los Romanos que tenían ocupado el territorio de Israel. Si contestaba que sí, podría interpretarse como una limitación de la autoridad de Dios sobre el pueblo escogido. La respuesta de Jesús fue clara y sin caer en la trampa: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 15-21).

El primero de los dos mandamientos: amar a Dios. Nos dice Jesús en el Evangelio que éste es “el más grande y el primero de los mandamientos” (Mt. 22, 34-40). Pero... ¿en qué consiste? ¿qué significa amar a Dios? El mismo Jesús nos lo dice: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos” (Jn. 14, 15). Amar a Dios, entonces, es complacer a Dios. Quien ama complace al ser amado. Amar a Dios es tratar de agradar a Dios en todo, en hacer su Voluntad, en cumplir sus mandamientos, en guardar su Palabra. Amar a Dios es también, amarlo a Él primero que nadie y primero que todo. Y amarlo con todo el corazón y con toda el alma significa estar dispuestos a cumplir sus deseos y a entregarnos a Él sin condiciones. Amar a Dios no es algo intelectual o espiritual que se dice y ya está. Amar a Dios se demuestra amando sus mandamientos y sobretodo CUMPLIÉNDOLOS. Ya nos dijo Jesús: "no el que diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos". No vale decir "yo creo en Jesús" "yo soy cristiano". Hay que demostrarlo cumpliendo los mandamientos. Es decir, amar a Dios es también servir a Dios, idea que nos plantea San Pablo en la Segunda Lectura: “Vosotros habéis aceptado la Palabra de Dios en tal forma que... os habéis convertido al Dios vivo y verdadero para servirlo” (1 Tes. 1, 5-10). Sabemos también que Dios es la fuente de todo amor... y no sólo eso, sino que Dios es el Amor mismo (cfr. 1 Jn. 4, 8). Esto significa que no podemos amar por nosotros mismos, sino que Dios nos ama y con ese Amor con que Dios nos ama, podemos nosotros amar: amarle a Él y amar también a los demás.

Esto significa también que ambos mandamientos -el amor a Dios y el amor al prójimo- están unidos. Uno es consecuencia del otro. No podemos amar al prójimo sin amar a Dios. Y no podemos decir que amamos a Dios si no amamos al prójimo, pues el amor a Dios necesariamente se traduce en amor al prójimo.

“La característica de la civilización cristiana es la Caridad: el Amor de Dios que se traduce en amor al prójimo... el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables” (Benedicto XVI, 19-10-2008).

¿Qué nos quiere decir el Señor, entonces, cuando nos pide amar al prójimo como a uno mismo? Nos quiere decir que desea que tratemos a los demás como nos tratamos a nosotros mismos. Si nos fijamos bien, somos muy complacientes con nosotros mismos: ¡cómo respetamos nuestra forma de ser y de pensar! ¡cómo excusamos nuestros defectos! ¡cómo defendemos nuestros derechos! ¡cómo nos complacemos nosotros mismos, buscando lo que nos agrada y lo que necesitamos o creemos necesitar! Amar al otro es pensar en las necesidades del otro antes que en las necesidades propias. Es cumplir esta petición de Jesús: “Haced a los demás todo lo que queréis que os hagan a vosotros" (Mt. 7, 12). Si somos sinceros, nosotros nos queremos mucho, nos cuidamos bien, buscamos lo mejor... pues lo mismo, lo mismo, tenemos que querer al prójimo. Si te gusta que te mimen, que te valoren, que te reconozcan... pues haz tu lo mismo con tu prójimo. Es muy sencillo, si algo nos gusta a nosotros, posiblemente a los otros también lde gustará, pues hagámoslo. Si hay algo que no nos gustan que nos hagan, pues tampoco nosotros debemos hacerlo a los demás. El Señor nos puso una medida muy clara y objetiva para valorar nuestro amor a EL y al prójimo.

Vamos a vivir etregados totalmente al AMOR de Dios. Vivamos cada día intentando cumplir los 10 mandamientos y haciéndole lo más agradable posible la vida a los que nos rodean.

Que Dios os bendiga a todos, feliz día del Señor. Tomás Pajuelo Romero.

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martes, 18 de octubre de 2011

Benedicto XVI en las JMJ (VII)

"Cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior.."

19 de Agosto de 2011.

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lunes, 17 de octubre de 2011

Reuniones con los Padres de los Niños de Catequesis

En esta semana se llevarán a cabo las primeras reuniones del curso con los padres de los niños que asisten este año a Catequesis.

El martes, día 18 de octubre, a las 20'30 h. tendrá lugar una reunión con los padres de niños de 2ª de primaria (1º de Catequesis) para explicarles la programación del curso y las distintas actuaciones a llevar a cabo así como para resolver todas las dudas que tengan sobre el tema.

Asímismo, el jueves, día 20 de octubre, también a las 20'30 h. habrá una reunión con los padres de niños de 3ª de primaria (2º de Catequesis) en la que se expondrá la programación del curso y se darán las pautas a seguir para la preparación de las celebraciones de la Primera Comunión de sus hijos.

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sábado, 15 de octubre de 2011

"Dad a Dios lo que es de Dios"

XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A

Lecturas: Isaías 45, 1.4-6 // Salmo 96 // 1ª Tesalonicenses 1, 1-5 // Mateo 22, 15-21.

Queridos hermanos y hermanas:

Anverso de un denario con la imagen de CésarEl Evangelio de hoy toca un asunto político-religioso: la autoridad civil y la autoridad divina; la función del Estado y la función de la Iglesia. Se trata del episodio en el cual los Fariseos, pretendiendo nuevamente poner a Jesús contra la pared, le preguntaron si era lícito pagarle impuestos a Roma. Es un nuevo intento de intentar pillar a Jesús.

Si decía que no -pensaron ellos- podría ser interpretado como desobediencia a la autoridad civil, en manos de los Romanos que tenían ocupado el territorio de Israel. Si contestaba que sí, podría interpretarse como una limitación de la autoridad de Dios sobre el pueblo escogido. La respuesta de Jesús fue clara y sin caer en la trampa: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 15-21).

Con esta hábil respuesta -como muchas otras del Señor ante la insidia de los Fariseos- Jesús deja claramente establecido que el respeto y el tributo no sólo se le debe a la autoridad civil, sino que principalmente debemos darle a Dios lo que es de Él y a Él corresponde. El Señor deja bien claro, que como consecuencia de esto, la Iglesia tiene su campo propio de acción independiente y por encima de toda autoridad política. Por otro lado, la autoridad política tiene su campo propio de acción, relacionado con el orden público y el bien de todos los gobernados. Sabemos, además, que el buen gobernante será aquel que cumple con los designios de Dios buscando el bien de todos los gobernados. Pero por desgracia no siempre es así. Hay muchos gobernantes que actúan en contra de la Iglesia, que no respetan el juego democrático y no tratan a la Iglesia con una verdadera igualdad frente a otras asociaciones religiosas y con fines sociales. Se propaga una velada y contumaz persecución y animadversión a la Iglesia. Se dictan leyes totalmente contrarias a la ley natural y a la ley divina. Se legisla, a veces, con un fino propósito de herir los principios cristianos, en aras de una laicidad falsa y mal entendida. ¿Qué debemos hacer los cristianos? Cuando entra en conflicto la obediencia a Dios con la obediencia al poder civil, hay que tener en cuenta que toda autoridad temporal tiene su origen en Dios y que la autoridad divina está por encima de la autoridad humana. Fijaos en el ejemplo de los primeros cristianos, y del propio Evangelio. Hasta las leyes de la Roma pagana y sus gobernantes sirvieron para que se llevaran a cabo los designios de Dios, tanto para el nacimiento como para la pasión y muerte de Jesús, el Salvador del mundo: el edicto de empadronamiento de los judíos, ordenado por el Emperador romano, obligó a San José y la Virgen a ir a Belén, donde nacería el Salvador del mundo (cfr. Lc. 2, 1-5) anunciado desde antes por el Profeta Miqueas (cfr. Mt. 2, 4-5 y Miq 5, 2). Con el juicio de Pilato a Jesús (cfr. Jn. 19, 14-16) se cumplió la redención del género humano.

En el comienzo de la historia de la Iglesia vemos cómo las persecuciones a los cristianos por parte de los romanos, sirvieron para la difusión del Evangelio de Jesucristo. Siempre se ha dicho que la sangre de los mártires es multiplicadora de semillas de nuevos cristianos. Y así fue y sigue siendo. Dios, de un aparente mal, como es la muerte de cristianos inocentes, saca un bien. Así sigue Dios escribiendo la historia de la salvación. Lo que pretendia el exterminio de la religión cristiana, por la Gracia de Dios se convirtió en el mayor vehiculo de expansión de la fe cristiana

Más recientemente en nuestro siglo, vemos cómo los regímenes marxistas que habían intentado apagar la fe en Dios, no lo lograron del todo. La fe del pueblo se mantuvo viva y, cuando parecía que estaba apagada, fue como un fuego que vuelve a encenderse a partir de las cenizas.

Todo lo ordena Dios para sus fines. La historia de cada ser humano en particular y de los pueblos está en manos de Dios. Por encima de todo gobierno humano está el gobierno de Dios. Y todo lo ordena Dios, origen de toda autoridad humana y Señor de la historia, para realizar la historia de la salvación de cada ser humano en particular y de toda la humanidad.

No podemos olvidar nunca que todos los ámbitos de la vida están sujetos a nuestra fe. Ser cristiano supone impregnar de vida cristiana todo momento de nuestra existencia. No podemos ser cristianos y pertenecer a grupos que vayan en contra de la fe y de la moral cristiana, o incluso nieguen la existencia de Dios y luchen contra la Iglesia. No vale decir, eso es cosa del partido y luego mi vida cristiana es algo personal e intimo. ¡¡NO!! Eso es una grave incoherencia que daña mucho el testimonio de la fe.

Seamos consecuentes, vivamos lo que profesamos.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz Domingo. Tomás Pajuelo Romero.

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viernes, 14 de octubre de 2011

La Adoración Nocturna Española (masculina y femenina), celebran en Córdoba el 125 Aniversario de ANE y 50 Aniversario de ANFE

Hoy tendrá lugar la culminación de la celebración del 125 aniversario de ANE y el 50 aniversario de ANFE. Comenzará a las 21:00 h. con una procesión desde la parroquia de San Juan y Todos los Santos (Trinidad) hasta la Catedral, con las banderas de todas las secciones de la Diócesis.

Una vez en el templo, a las 22:00 h., se celebrará una Vigilia de Acción de Gracias, presidida por Mons. Demetrio Fernández González y concelebrada por varios sacerdotes. Al finalizar, saldrá en procesión el Santísimo Sacramento por los alrededores de la Catedral.

La diócesis ofrece una nota histórica al respecto.

A continuación, una de las conferencias sobre la adoracion nocturna que se han celebrado con ocasion de los 125 años de ANE y 50 años de ANFE en Cordoba, de Juan José Primo Jurado.

Y una segunda: La centralidad del Misterio Eucarístico como principio y fundamento de la Iglesia para la vida del Mundo, de Rafael Rabasco Ferreira

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Mi experiencia de la JMJ (VII)

A continuación mostramos un vídeo que han montado los chicos franceses que estuvieron en nuestra Parroquia en los días de estancia en las diócesis previos a la JMJ. Recopilan una gran número de vídeos y fotografías que resumen su experiencia en estas jornadas.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

Últimas realidades: El infierno

Hoy día parecen estar olvidados o postergados por una buena parte de los cristianos muchos dogmas de fe, como la existencia del Infierno, del Purgatorio o del mismo Satanás, así como el mal, el pecado original, el Cielo, los Ángeles, el Juicio Final, los milagros, etc.

Como quiera que estas realidades son ciertas y afirmadas por la doctrina, esta serie de artículos (Últimas Realidades) se propone recordárnoslas con la sana y humilde intención de ayudar a conformar nuestro conocimiento de las realidades trascendentes que nos han sido reveladas y hacer un llamamiento a la responsabilidad y a la conversión para que a la luz de su contemplación brote en nosotros el sincero deseo de acercarnos y amar más a Dios.

¿Qué es el Infierno?

Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".

Dios no predestina a nadie a ir al infierno; para que alguien se condene es necesario que tenga una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), un enfrentamiento o una rebeldía contra El y, además, que persista en esa actitud hasta el momento de la muerte.

Características del Infierno
  • Eternidad: La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno". La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

  • Desigualdad: La cuantía de la pena de cada uno de los condenados es diversa según el diverso grado de su culpa (esto es algo de sentido común, sostenido en las Escrituras).

Penas del infierno
  • Pena de daño, o dolor de pérdida: Consiste en la pérdida de visión beatífica de Dios y por ello, en una separación total de Él, no pudiendo encontrar la menor paz o descanso. El dolor de pérdida, el vacío total del alma hecha para el disfrute de la verdad infinita y bondad infinitas, causa en el reprobado una angustia inconmensurable. Su conciencia de que Dios, de Quien depende completamente, es su enemigo, por su propia voluntad, es abrumadora. Su conciencia de haber perdido por su propio desatino, por incumplimiento las más altas bendiciones por placeres transitorios e ilusorios, los humilla y deprime más allá de toda medida. El deseo de felicidad, inherente en su misma naturaleza, completamente insatisfecho y ya sin la capacidad de encontrar ninguna compensación por el placer ilusorio, los deja completamente miserables. El dolor de pérdida es la misma esencia del castigo eterno.

  • Pena de sentidos, o suplicio de los sentidos: Consiste en el tormento del fuego, tan frecuentemente mencionado en la Biblia. De acuerdo a la gran mayoría de los teólogos, el término fuego, denota un fuego material, y por lo tanto, fuego real aunque de naturaleza distinta al fuego terrenal. Las Escrituras y la tradición hablan una y otra vez del fuego del infierno, y no hay suficientes razones para considerar el término como una mera metáfora.

El temor al infierno

Los cristianos no debemos basar nuestra buena conducta en miedo del infierno sino en el amor a Dios. Pero es saludable recordar que hay un justo castigo. El temor nos ayuda a evitar aquello que nos causa daño. En momentos de ceguera y debilidad, cuando la tempestad de la tentación es recia, pensar en el infierno es saludable y provechoso, como también debemos pensar en el amor de Dios. El cristiano debe reconocer la realidad. El temor es parte de la realidad humana que debemos saber integrar sanamente en nuestra persona. Ignorar una realidad que tememos solo logra postergarla hasta que esta ya no se pueda esconder y entonces nos invade y domina.

Para saber más:

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