viernes, 22 de junio de 2012

Reliquias de San Juan de Ávila en nuestra Parroquia

El próximo día 30 se confirmarán a las 21:00 horas un grupo de jóvenes y adultos de nuestra Parroquia. Con motivo de este evento, nuestra Parroquia acogerá ese fin de semana las reliquias de San Juan de Ávila que se trasladarán a nuestro templo el viernes a las 19:00 horas. 
A partir de esa hora, ante las reliquias de este Santo -Maestro de Santos-, y hasta la hora de Misa celebraremos un rato de oración ante el Santísimo en compañía de los confirmandos, sus amigos y su familia, y toda la 'familia' que formamos la Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba.
El relicario, sufragado por suscripción general de todos los sacerdotes diocesanos de Córdoba, muestra una escena en la que aparece San Juan de Ávila enseñando a un grupo de tres sacerdotes jóvenes en el patio de su casa cordobesa en Montilla. En la parte superior destaca un corazón de plata que sirve de estuche y contiene la reliquia del corazón, del que salen unos resplandores de gloria. El relicario está coronado por un arca de plata, reproducción exacta del arca de madera que contiene los restos del Maestro en el Santuario.

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martes, 12 de junio de 2012

Celebración del Corpus Christi 2012 en nuestra Parroquia, balconeras del Corpus y próximas Confirmaciones

Como viene siendo habitual en los últimos años en nuestra parroquia celebramos la octava del Corpus Christi con el siguiente calendario:

Triduo en Honor al Santísimo Sacramento (Santa Misa y después Exposición del Santísimo)
  • 13 de junio, miercoles a las 21'00 h,
  • 14 de junio, jueves a las 21'00 h.
  • y 15 de junio, viernes a las 21'00 h.

Misa solemne de la Octava del Corpus Christi
  • 16 de junio, sábado, a las 20'00 h celebrándose a continuación la procesión con Jesús Sacramentado por las calles de nuestro barrio. El recorrido de la procesión será el siguiente: Salida del templo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Calero "Calerito", Avda. de Lagartijo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Cano "El Pireo", José Mª. Martorell, Francisco González Panchón, José Dámaso "Pepete", Avda. de Guerrita y retorno al templo.
Balconeras del Corpus, a la venta en la Parroquia
  • Están puestas a la venta en la Parroquia colgaduras del Corpus para engalanar los balcones. Precio 10€.
Próximas Confirmaciones
  • El próximo sábado 30 de junio la misa será a las 21h y tendrán lugar las Confirmaciones.

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sábado, 9 de junio de 2012

«Tomad, esto es mi cuerpo»

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Lecturas: Exodo 24,3-8 // Salmo 116(115) // Hebreos 9,11-15 // Marcos 14,12-16.22-26

“Danos hoy nuestro pan de cada día”(Mt. 6, 11), pedimos en el Padre Nuestro. Sin embargo, ese alimento diario, que pedimos y que Dios nos proporciona a través de su Divina Providencia, no es sólo el pan material, sino también -muy especialmente- el Pan Espiritual, el Pan de Vida.

No podemos estar pendientes solamente del alimento material. El pan material es necesario para la vida del cuerpo, pero el Pan Espiritual es indispensable para la vida del alma. Dios nos provee ambos.

Jesucristo murió, resucitó y subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre. Pero también permanece en la Hostia Consagrada, en todos los sagrarios del mundo. Y allí está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir: con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser ese alimento que nuestra vida espiritual requiere. Es este gran misterio lo que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.

El Jueves Santo Jesucristo instituyó el Sacramento de la Eucaristía, pero la alegría de este Regalo tan inmenso que nos dejó el Señor antes de partir, se ve opacada por tantos otros sucesos de ese día, por los mensajes importantísimos que nos dejó en su Cena de despedida, y sobre todo, por la tristeza de su inminente Pasión y Muerte.

Por eso la Iglesia, con gran sabiduría, ha instituido esta festividad en esta época en que ya hemos superado la tristeza de su Pasión y Muerte, hemos disfrutado la alegría de su Resurrección, hemos también sentido la nostalgia de su Ascensión al Cielo y posteriormente hemos sido consolados y fortalecidos con la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

Efectos del Sacramento de la Eucaristía
- nutre al alma,
- aumenta la Gracia y

Adicionalmente:

- borra los pecados veniales,
- nos da gracias para cumplir la Voluntad Divina,
- nos fortalece en las tentaciones,
- efectúa “comunión” del comulgante con Cristo y con el prójimo,

LA EUCARISTIA, ALIMENTO “ESPECIAL”

que nos une Cristo

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él” (Jn. 6, 56)

y nos conduce a la Vida Eterna

“Yo soy el Pan Vivo bajado del Cielo: El que come este Pan vivirá para siempre … Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tendrá Vida Eterna y Yo lo resucitaré en el último día” (Jn.6, 52 y 54)

El Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo, lo llamamos también Eucaristía o Comunión.

Pero … ¿SIEMPRE SE REALIZA LA “COMUNIÓN”?

La unión con Cristo o Comunión es posible sólo si al recibirlo lo hacemos con las debidas disposiciones.

Si no tenemos las actitudes correctas de fe y de deseo de imitar a Cristo en todo, no se realiza la “Comunión”.

Recibimos a Cristo con nuestra boca. Pero eso no basta, pues tenemos que unirnos a El en el pensamiento, en el sentir, en la voluntad; con nuestro cuerpo, con nuestra alma (entendimiento y voluntad) y con nuestro corazón.

Bien claro pone esto la Liturgia de la Iglesia en la oración después de la Comunión el Domingo 24 del Tiempo Ordinario:

“La gracia de esta comunión, Señor, penetre en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento, lo que mueva nuestra vida”.

Siendo así, nuestra vida humana podrá entonces participar de su Vida Divina, de manera que sea El y no nuestro “yo” el principio que guíe nuestra existencia y nos conduzca por la travesía que nos lleva a la Vida Eterna.

Dos elementos siempre unidos:
- Unión con Cristo (su Vida en nosotros)
- Vida Eterna (viaje a la eternidad: jornada a la Casa del Padre)

No en vano dice el Sacerdote antes de tomar el Pan y el Vino consagrados y de repartirlo a los comulgantes: “El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde nuestras almas para la Vida Eterna”.

CONDICIONES PARA RECIBIR LAS GRACIAS EUCARISTICAS

Hay condiciones preparatorias a la recepción de la Eucaristía que conocemos por exigencia de la Iglesia: no estar en pecado mortal, guardar el ayuno requerido, estar debidamente vestido, etc.

Pero hay otras condiciones interiores, profundas, que están sobreentendidas y que a veces pasamos por alto:
- FE en la presencia real de Cristo en la Eucaristía
- CONFIANZA plena en Dios

La consecuencia de la Fe es la confianza. Fe y confianza en Dios son como dos caras de una misma moneda: no hay fe sin confianza y viceversa.

- ABANDONO Y ENTREGA TOTAL A DIOS
Al tener plena confianza en Cristo, podemos entregarnos a El sin reservas, totalmente, a todo lo que El tenga dispuesto.

Estas disposiciones fundamentales de parte nuestra permiten que haya “común-unión” o Comunión: unión de Cristo con nosotros, de nosotros con Cristo y unión entre nosotros en Cristo.

Pero cuando no hay estas debidas disposiciones, no sucede así. De allí que haya muchas almas que, aun comulgando frecuentemente, progresen tan poco en santidad. Al no encontrar Cristo la docilidad espiritual requerida, no puede derramar todas las gracias dispuestas en el Sacramento de la Eucaristía.

PREPARACION REMOTA:
Es así como, para prepararnos debidamente a la recepción de la Sagrada Eucaristía, es necesario estar pendiente en el tiempo que pase entre Comunión y Comunión, de entregarnos confiadamente a todo lo que vayamos sabiendo es la Voluntad de Dios para nuestra vida.

FORMA DE ORAR COMO PREPARACION INMEDIATA:

- ORACION DE FE: Creo en tu Presencia Viva: aumenta mi Fe.
- ORACION DE CONFIANZA: Como creo, confío en Ti, en tus designios para mí.
- ORACION DE ABANDONO: Me entrego totalmente a Ti, deseo tu Voluntad, me uno a tu Voluntad

ACCION DE GRACIAS:

Además del recogimiento conveniente enseguida de la comunión para agradecer a Dios este regalo de la Comunión con El en el Sacramento de Cuerpo y la Sangre de Cristo, la acción de gracias debe prolongarse entre Comunión y Comunión, tratando de permanecer en Cristo para que El permanezca en nosotros.

En el tiempo posterior a la recepción de la Eucaristía no podemos dejar, entonces, que las tendencias que se oponen a nuestra unión con Dios puedan disminuir o interrumpir esta comunión: actitudes en contra de la Voluntad Divina, faltas de Fe y confianza en Dios, pecados mortales o veniales, etc.

Por el contrario, debemos acrecentar la vida de Dios en nosotros y aumentar esta comunión e identificación con Cristo, mediante la oración, las buenas obras, la penitencia, aceptación de la Voluntad de Dios y colaboración activa en sus designios, el ejercicio de las virtudes, etc

Tomás Pajuelo. Párroco.

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sábado, 2 de junio de 2012

Solemnidad de la Santísima Trinidad 2012

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Lecturas: Deuteronomio 4,32-34.39-40 // Salmo 33(32) // Romanos 8,14-17 // Mateo 28,16-20

Queridos hermanos y hermanas en este domingo celebra la Iglesia la Solemnidad de la Santisima Trinidad.

El misterio de la Santísima Trinidad es un gran misterio: un solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.

Muchos Teólogos que lo han estudiado han tratado de hacerlo accesible al hombre común. Y han tratado de explicar lo de las Tres Personas y un solo Dios mediante diversos símiles, tratando de ponerlo al alcance de todos. Uno de estos símiles, tal vez el más convincente, es el de comparar a las Tres Divinas Personas con tres velas encendidas, cuyas llamas se unen formando una sola llama. Todas las comparaciones humanas, sin embargo, quedan cortas, como es todo lo humano al referirlo a la infinidad de Dios.

¿Por qué es esto así? Porque la Santísima Trinidad es el más grande de los misterios de nuestra fe. Y por eso es imposible de ser comprendido por nosotros, pues nuestro limitado intelecto humano, es ¡tan pobre para explicar las cosas de Dios!

El Misterio de la Santísima Trinidad es una verdad que están muy ... muy por encima de nuestras capacidades intelectuales, pues entre nuestra inteligencia y la Sabiduría de Dios existe una distancia ¡infinita!

Se cuenta que mientras San Agustín se encontraba preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, le pareció estar caminando en la playa frente a un mar inmenso. Vio de repente a un niño que se distraía recogiendo agua del mar con una concha de caracol y tratando de vaciarla en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito. San Agustín, por supuesto, se dio cuenta de que era imposible que el niño lograra esa absurda pretensión. Entonces le dijo al niño: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “Esto no es más imposible de lo que es para tí meter el misterio de la Santísima Trinidad en tu cabeza”. Y con estas palabras el “Niño” desapareció.

Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como este misterio.

Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario.

Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir este misterio de una manera oscura ... incompleta. Sin embargo, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.

En efecto, nuestro fin último es la unión para siempre con Dios en el Cielo. Pero desde aquí en la tierra podemos comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser habitados por las Tres Divinas Personas. Recordemos lo que Jesucristo nos ha dicho: “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn.14, 23).

La Santísima Trinidad es, entonces, uno de los misterios escondidos de Dios, que no puede ser conocido a menos de que Dios nos lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer revelándose como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios.

Y Dios comienza a revelarse como Trinidad poco a poco, pero desde el principio. Desde el segundo versículo de la Biblia, desde el momento mismo de la creación, vemos una alusión al Espíritu Santo: “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gen. 1,2).

Luego es Jesucristo mismo quien nos lo da a conocer. El primer momento en que se revelan las Tres Personas juntas fue en el Bautizo de Jesús en el Jordán. Nos dice así el Evangelio: “Una vez bautizado Jesús salió del río. De repente se le abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como paloma y venía sobre El. Y se oyó una voz celestial que decía: ‘Este es mi Hijo, el Amado, en el que me complazco’ ” (Mt. 3, 16-17).

Posteriormente Jesucristo al dar el mandato de evangelizar a sus Apóstoles, les ordena bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 18). Es la escena que nos trae el Evangelio de hoy.

Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables en su ser y en su obrar, al Padre se le atribuye la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación.

Es así como el Espíritu Santo en su obra de santificación en cada uno de nosotros, lo primero que hace es darnos a conocer a Jesús como Hijo de Dios, pues “nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino guiado por el Espíritu Santo” (1 Cor. 12, 1-3). Luego nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo.

Posteriormente el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. Así nos dice Jesús: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).

Recordemos nuevamente, entonces, que lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y vivirlo, es vivir en la Santísima Trinidad. ¿Cómo? ¿Vivir en la Santísima Trinidad? ¡Imposible! No. ¡Sí es posible! pues para Dios no hay nada imposible, siempre y cuando nosotros nos dispongamos a la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.

Que al meditar la profundidad del Misterio de la Santísima Trinidad, podamos vivir lo que nos dice San Pablo al final de la segunda Carta a los Corintios, que es esa frase trinitaria importantísima que se repite al comienzo de cada Misa: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros” (2 Cor. 13, 14).

Porque el único camino para profundizar en el misterio de la Trinidad es la oración, la Meditación y la Contemplación, la Iglesia en España recuerda y ora hoy por los religiosos y religiosas de vida contemplativa. Por los monjes y monjas de clausura que en el silencio de sus claustros oran por todos nosotros y están uniendose cada día más a Dios. Pidamos que Dios les bendiga con santas vocaciones. Que cada día crezca el número de jóvenes que quieran seguir a Dios en el silencio, el sacrificio y la oración de la Vida Contemplativa.

Y que así podamos comenzar a vivir nuestra unión con la Santísima Trinidad y la unión de nosotros entre sí, pues es ese Dios Trinitario Quien nos une. Que Dios os bendiga a todos y os conceda un feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo. Párroco.

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sábado, 12 de mayo de 2012

«Como el Padre me ama a mí, así os he amado yo; permaneced en mi amor»

VI DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Hechos de los Apóstoles 10,25-26.34-35.44-48 // Salmo 98(97) // Epístola I de San Juan 4,7-10 // Evangelio según San Juan 15,9-17

Queridos hermanos y hermanas:
San Juan Apóstol y Evangelista centra su Evangelio y sus cartas en el tema del Amor. Y termina convenciéndonos de que el Amor de Dios y el amor a Dios son la misma cosa.

En efecto, en la narración que nos brinda San Juan del discurso que Jesús hace a sus Apóstoles durante la Ultima Cena, la noche anterior a su muerte, el Evangelista hace un maravilloso recuento de este tema tan importante. El Evangelio de hoy nos trae parte de ese discurso tan profundo y significativo (Jn 15, 9-17).

Las palabras de Jesús en ese conmovedor momento hay que revisarlas versículo a versículo. Parece como si constantemente estuviera repitiendo lo mismo, pero cada versículo tiene su matiz y su significado especial:

“Permaneced en mi Amor. Si cumplís mis mandamientos permanecéis en mi Amor, lo mismo que Yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su Amor” (Jn. 15, 9-10). Amar a Dios y permanecer en su Amor es hacer lo que El nos pide. La palabra “mandamientos” no se refiere sólo a los que conocemos como los 10 Mandamientos, sino a “todo” lo que Dios desea de nosotros. Es el caso entre Dios Padre y Dios Hijo: éste hace lo que el Padre quiere y es así como permanece amando al Padre.

Quiere decir que nosotros permanecemos amando a Dios si actuamos de la misma manera: haciendo lo que Dios desea de nosotros. Si nos fijamos bien, los amores humanos funcionan de la misma manera: el enamorado hace lo que la enamorada desea y viceversa; uno busca complacer al otro. Amar a Dios es, entonces, también complacer a Dios ... en todo.

“Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena” (Jn. 15, 11). La verdadera felicidad está en permanecer amando a Dios, cumpliendo los deseos de Dios y no los propios deseos. Así nuestro gozo será “pleno”. Las alegrías humanas son pasajeras, efímeras, incompletas, insuficientes. Pero ... ¡nos aferramos tanto a ellas! Si nos convenciéramos realmente de estas palabras del Señor sobre la verdadera alegría, nuestra felicidad comenzaría aquí en la tierra y, además, continuaría para siempre en la eternidad.

También toca San Juan el tema del amor en sus cartas. En el Segunda Lectura de hoy (1 Jn. 4, 7-10) tenemos un trozo de su Primera Carta. Y es alentador y agradable ver en ella planteamientos similares a los que nos da en el Evangelio.

“Este en mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como Yo os he amado” (Jn. 15, 12). “Amémosnos los unos a los otros, porque el Amor viene de Dios. Todo el que ama conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor ... El Amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos amó primero” (1 Jn.4, 7-8 y 10).

El Amor viene de Dios. Es decir: no podemos amar por nosotros mismos, sino que Dios nos capacita para amar. Es más: es Dios Quien ama a través de nosotros. El que ama -el que ama de verdad- no con un amor egoísta, sino con un amor generoso y oblativo por el que se busca el bienestar del ser amado y no el propio, ése que ama así, ama así porque conoce a Dios. El que ama egoístamente, pensando en sí mismo, en realidad no ama; y no ama porque no conoce a Dios, porque no ama a Dios, porque no complace a Dios, sino que se complace a sí mismo.

Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos” (Jn. 15, 13). El verdadero amor, ese Amor que viene de Dios, con el que podemos amar nosotros, amando como Dios quiere que amemos, puede llegar a la oblación total, a la entrega total de la vida por el ser amado. Y no se trata solamente, ni principalmente, de llegar a la muerte física por el otro, como hizo Jesús por nosotros y como hizo, por ejemplo, un San Maximiliano Kolbe.

Se trata de la oblación de todo lo que consideramos como propio, como nuestros deseos, como nuestras inclinaciones, etc., para optar por los deseos del ser amado. En este caso, para seguir el orden que nos propone San Juan: dejar todos lo deseos nuestros por los deseos de Dios.

Esa oblación es un constante morir a nosotros mismos, al ir dejando lo que consideramos nuestro, para irnos entregando a Dios y a sus deseos y designios. Esa oblación es dar la vida por Dios. Así, si fuera necesario y nos llegara el momento, estamos ya preparados para ofrecer aún nuestra vida física, como lo hizo Cristo y como lo han hecho los santos mártires.

“El Padre les concederá todo lo que le pidan en mi nombre” (Jn. 15, 16). Queda claro que Cristo es nuestro mediador ante el Padre. Pero ... ¿concede el Padre “todo” lo que le pedimos? Para comprender bien esta promesa debemos revisar las lecturas del domingo pasado.

“Si permanecéis en Mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá” (Jn. 15, 7). “Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de El todo lo que le pidamos”. (1 Jn. 3, 22-23).

Quizás este es el secreto, que no cumplimos los mandamientos, que vivimos al margen de la voluntad de Dios y por esto no son escuchadas todas nuestras plegarias.

Aprendamos hoy a pedir y a amar. A cumplir los mandamientos y a confiar en Dios.

Que Dios os Bendiga a todos. Feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo. Párroco.

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sábado, 5 de mayo de 2012

Es imposible una vida cristiana sin estar unidos a Cristo

V DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Hechos de los Apóstoles 9,26-31 // Salmo 22(21) // Epístola I de San Juan 3,18-24 // Evangelio según San Juan 15,1-8

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de hoy nos presenta la imágen preciosa de la vid y los sarmientos. Es evidente, incluso para los que no sabemos de agricultura ni de viñedos, que si una rama se separa del tallo de la planta, ¡por supuesto! no puede dar fruto, pero además de eso, pierde toda alimentación, termina por secarse y morir.

Es lo que le sucede a cualquiera de nosotros que pretenda marchar de su cuenta por esta vida terrena que -creámoslo o no, querámoslo o no- nos lleva irremisiblemente a la vida en la eternidad. Y esa vida en la eternidad será de Vida y de gloria o será de muerte y de condenación, según hayamos permanecido unidos o no al tallo de la vid, que es Jesucristo.

En efecto, nos dice esto el Señor en este Evangelio: “Al que no permanece en Mí se le echa fuera, como a la rama, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde”. Palabras fuertes, pero reales, indicativas de qué espera a quienes se separan de Jesús. Indicativas de una de las opciones que tenemos para la eternidad: el Infierno. Palabras que hacen referencia también a nuestra vida cotidiana, pues afirman la necesidad de vivir unidos a Cristo para poder dar fruto. Es imposible una vida cristiana sin estar unidos a Cristo. Por eso no cabe decir que podemos vivir nuestra fe en nuestras casas solos, necesitamos participar en los Sacramentos para poder llenarnos de Cristo. Es imprescindible para cualquier cristiano vivir unido a Cristo. La unión más perfecta con el Señor es la que se da en el momento de la Comunión. Cuando comulgamos Cristo Eucaristía entra dentro de nosotros, se hace uno con nosotros, se une nuestra debilidad y su divinidad. Se hacen uno nuestra vida y su Vida. Nuestro cuerpo y su Cuerpo. Nuestro corazón y su Sagrado Corazón.

¿Cómo estamos unidos a Jesús? San Juan nos explica esto en la Segunda Lectura:
”Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos que El permanece en nosotros” (Jn. 3, 18-24).

Cumplir los mandamientos de Dios es hacer en todo la Voluntad Divina. En esto consiste la unión entre Dios y nosotros: en que hacemos lo que El desea y no lo que nosotros deseamos. Y lo que El desea para nosotros es nuestro máximo bien. Lo que nosotros deseamos para nosotros mismos, no siempre es para nuestro bien.

San Juan nos advierte en esta carta de que no podemos “amar sólo de palabra, sino de verdad y con obras”. “Obras son amores y no buenas razones”, dice el adagio popular. Y ¿cuáles son las obras?

Bien claramente había dejado Cristo expresado lo que son las obras: “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de mi Padre del Cielo (Mt. 7, 21.) Las obras, entonces, es hacer la Voluntad de Dios.

Orar es necesario, muy necesario. Decir “Señor, Señor” es importante, muy importante. Pero esa oración –si es verdadera, si es sincera- nos lleva con toda seguridad a conformar cada vez más nuestra voluntad con la de Dios, hasta que llegue un momento en que no haya separación entre la Voluntad Divina y la nuestra, porque conformamos nuestra voluntad a la de Dios.

A esa “unión de voluntades” se refiere San Juan cuando nos dice en su carta que “si nuestra conciencia no nos remuerde es porque nuestra confianza en Dios es total”. ¡Claro! Cuando lleguemos de veras a confiar totalmente en Dios y en su providencia para nosotros ¿qué nos va a reprochar nuestra conciencia? Nada, pues ya vivimos en Dios. Pero para llegar a eso hace falta mucha oración, muchas purificaciones de nuestros pecados, muchos actos de entrega a la Voluntad de Dios.

No creamos que a esto se llegue de una vez. El camino es largo, angosto y escarpado. Es un programa de santidad para toda nuestra vida. Y ese programa comienza cuando damos el “sí” definitivo, ese “sí” con el cual nos unimos como rama al tallo que es Cristo para ir recibiendo la savia de la gracia divina que nos va haciendo cada vez más como El quiere que seamos.

Que Dios nos conceda hoy a todos vivir unidos a Cristo, con todo el corazón, con toda nuestra mente, con todo nuestro ser...y así demos testimonio de su Alegria en el mundo. Que Dios os bendiga a todos. Feliz Día del Señor.

Tomás Pajuelo. Párroco.

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jueves, 3 de mayo de 2012

May Feelings 5 - Yo voy a rezar por ti. Tu puedes rezar por mi

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