martes, 29 de marzo de 2011

Reflexiones para la Cuaresma (IV): Los cristianos “adoradores verdaderos”

La petición de Jesús a la samaritana: “Dame de beber” (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del “agua que brota para la vida eterna”.

Es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos “adoradores verdaderos” capaces de orar al Padre en “espíritu y verdad” (v. 23). ¡Solo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Solo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, “hasta que descanse en Dios”, según las palabras célebres de San Agustín.

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sábado, 26 de marzo de 2011

«El que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed»

III DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Exodo 1, 3-7 // Salmo 95(94), 1-2.6-7.8-9 // Romanos 5, 1-2.5-8 // Juan 4 , 5-42

Queridos hermanos y hermanas:

Jesús y la samaritana. Una miniatura de un manuscrito georgiano del siglo XIIEl Evangelio de hoy nos presenta el relato precioso del encuentro de Cristo con la mujer samaritana. Jesús sale de Israel y entra en Samaría, los samaritanos están peleados con los judíos, adoran a otros dioses, han cambiado la ley y los profetas y no reconoce el templo de Jerusalén. Jesús va a ellos a predicarles, a anunciarles el Evangelio.

Después de un largo camino por el desierto, Jesús sintió sed. Vuelve el evangelista Juan a usar la imagen del desierto, imagen que podemos trasladar fácilmente a nuestra vida: después de caminar por el desierto de nuestras tareas, de nuestras pobrezas, de nuestras debilidades... también nosotros tenemos sed, tenemos necesidad. Jesús parte de esa necesidad orgánica, para empezar un diálogo de fe con la Samaritana. Jesús parte de su debilidad, tengo sed y necesito de ti. Podía haber hecho un milagro y saciar su sed, es Dios y todo lo puede. Prefiere pedir la colaboración del aquella mujer, aunque sabe que es pecadora, aunque sabe que no comparte su fe, pero quiere salvarla. La Samaritana no entiende como Jesús que es judío se atreve a pedirle agua, pero Jesús va entrando en el corazón de aquella mujer y le va descubriendo su vida de pecado.

Cristo es la luz del mundo y cuando el ilumina nuestras vidas rápidamente pone de manifiesto nuestras sombras, nuestros pecados. Fijaos como parte de una realidad y en cuanto el Señor entra en la vida de una persona va naciendo su vida interior. Quizás nosotros en Cuaresma, al hacer desierto, al ponernos a la luz de Jesús, lo primero que descubramos es que somos pecadores, que tenemos abandonado a Dios. Quizás si nos hemos puesto a rezar un poquito, a pedir, a mostrarle nuestra necesidad, como el hizo a la mujer samaritana, descubramos que antes de pedir debemos constatar la realidad profunda de nuestras vidas y nuestros pecados. La mujer samaritana cambia el rumbo de su vida al encontrarse con Jesús. Cuando buscamos otras fuentes de felicidad es porque no nos hemos encontrado con el Señor, como le pasaba a la samaritana. Jesús le ofrece un agua de valor eterno y ella, no solamente la acepta, sino que se hace apóstol de Cristo compartiendo con sus vecinos la paz y la luz que ella encontró en Jesús. Si nuestro corazón se halla inquieto o está intranquilo, acerquémonos a Jesús: nos dará su paz y la gracia que salta a la vida eterna. Solamente el que tiene sed se alegra de haber hallado la fuente. El que no está sediento, pasa de largo sin hacer caso del manantial.

La mujer samaritana se detiene ante "la fuente de vida" y el agua que busca se convierte en signo de la presencia gozosa y fecundante de Dios. Y encontrar a Dios es dar con el manantial de agua viva que hace reverdecer el desierto de la vida humana.

La Eucaristía celebrada en el tercer domingo de Cuaresma, hace posible el encuentro con Jesús el Señor, como le sucedió a la samaritana.

Jesús habla del don de Dios (Jn 4,10). El don de Dios se identifica con el agua viva. Y el agua viva significa la salud, la vida eterna. Es la gran revelación hecha por Dios en Cristo y que tiene muy poco que ver con la satisfacción de las necesidades naturales. El simbolismo del agua viva se utiliza también en este evangelio para referirse al Espíritu Santo. El agua viva es símbolo del Espíritu. La célebre afirmación de Jesús: de lo más profundo de todo aquel que crea en mí brotarán ríos de agua viva (Jn 7,38) es interpretada por el evangelista diciendo que decía esto refiriéndose al Espíritu (Jn 7,39). En todo caso, esto en nada contradice a lo que se afirma en este pasaje: el don de Dios es Dios mismo dado en Cristo; el don de Dios es la salud, la vida eterna; el don de Dios es el Espíritu Santo. Poder intercambiar estas expresiones no significa contradicción sino complementariedad y enriquecimiento.

Dios debe ser adorado en espíritu y en verdad. ¿Qué significa esto? Si las palabras de Jesús ofrecen alguna novedad no puede pensarse simplemente en un culto más interior y menos ritual. Esa había sido ya la predicación y exigencia proféticas. Adorar en espíritu y en verdad significa adorar al Padre a través de Jesucristo, que es la verdad, y bajo el impulso del Espíritu. Verse envueltos en el misterio trinitario. Según lo que acabamos de decir sobre “Dios es espíritu”, los verdaderos adoradores son aquellos que acogen la vida y la misericordia, la liberación y la salud que Dios les revela y les comunica, respondiendo a la iniciativa divina mediante el ejercicio de la fe. La adoración en espíritu y en verdad no significa la condenación de todo culto exterior. Lo que caracteriza a los verdaderos adoradores no es la ausencia de ritos, sino la firme voluntad de escuchar y servir a Dios en la persona de su Enviado. El adorador es verdadero en la medida en que acoge la “verdad” de Dios y responde a ella mediante la fe. Es aquel que vive los ritos, las ceremonias, los sacramentos desde lo más profundo de su corazón. Los vive con VERDAD, verdad de vida y amor.

La samaritana no sabe desenvolverse en ese terreno y se refugia en su esperanza mesiánica (Jn 4,25). Los samaritanos, lo mismo que los judíos, esperaban un mesías. Sobre la base de Dt 18,15ss esperaban la venida de un “Moisés resucitado”, que llamaban Taeb, que significa “el que viene”, “el restaurador”. Este profeta del Altísimo haría milagros, restablecería la ley y el culto verdadero y llevaría el conocimiento de Dios a otros pueblos. Ella se da cuenta de su vida pecadora y de su falta de fe y de verdad, se ha construido su gran mentira y se justifica. ¿Cuántos de nuestros cristianos que viven en pecado, apartados prácticamente de la Iglesia, sin vida de piedad, no hacen lo mismo que la Samaritana? La realidad es que justifican, se engañan asi mismos diciendo que ellos creen en Dios y que no les hace falta la Iglesia. Cristo le manifiesta a aquella mujer, que Él es el Mesías y que haciendo lo que predica y lo que manda, tendrá la Salvación. Jesús se revela abiertamente como el Mesías. La diferencia en relación con los sinópticos no puede ser mayor. En ellos Jesús impone silencio sobre su persona a todos aquellos que le conocían: es el llamado “secreto mesiánico”. En el cuarto evangelio, sin embargo, Jesús manifiesta abiertamente su identidad: el evangelio de Juan se propone desvelar claramente y desde el principio el misterio de Jesús a todo el mundo. Jesús, el Mesías nos ha dicho que la Iglesia es su "Cuerpo" y él la cabeza. No podemos vivir a Jesús sin la Iglesia. Cristo nos salva en la Iglesia y por la Iglesia. Ella es la fuente de agua viva que lleva a la vida eterna, el BAUTISMO.

Que el Señor Jesús nos permita hoy encontrarnos con él, salir de la trinchera que nos hemos hecho para vivir fuera del evangelio, vivir nuestra fe "particular" creada a nuestra imagen y semejanza y volvamos a la VERDAD que es Cristo en su Iglesia. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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jueves, 24 de marzo de 2011

Jornada por la Vida 2011

La Conferencia Episcopal Española ha establecido para hoy la Campaña por la Vida con el lema “Siempre hay una razón para vivir”.

Como viene siendo habitual en los últimos años, la Jornada por la Vida se celebra el 25 de marzo, festividad de la Encarnación del Señor.

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martes, 22 de marzo de 2011

Reflexiones para la Cuaresma (III): La gloria de Cristo anticipa la resurrección y anuncia la divinización del hombre

El evangelio de la Transfiguración delSeñor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre.

Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: Él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal” (cf Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

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sábado, 19 de marzo de 2011

Cada Eucaristía es una transfiguración

II DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Génesis 12,1-4 / Salmo 33 / Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1,8-10 / Mateo 17,1-9

En este domingo la Palabra de Dios que se nos proclama es muy rica y muy especial para nuestras vidas. Nos hace una invitación a "Salir" y Seguir al Señor. La primera lectura del libro del Génesis nos presenta la llamada de Abraham. él está en su tierra, en sus cosas, con su familia, sus tareas... Dios se fija en él y le dice "Sal de tu tierra, vé a dónde yo te indicaré". Es una llamada a la acción, implica un ponerme en camino, renunciar a las comodidades, a las seguridades, a lo que ya somos para lanzarse a lo que Dios nos pide. Abraham no lo duda, deja todo, se pone en camino y obedece a Dios, confía en Dios, está seguro en Dios.

La cuaresma es tiempo de llamada a salir de nuestras comodidades, de nuestras seguridades humanas, de nuestros yo pecadores, para confiar en la promesa de Dios y seguirlo. Es dejadnos llevar por la confianza plena en la palabra. Dios cumple siempre sus promesas y si nos ha dicho que la única manera de vivir la FELICIDAD, es el Evangelio, estad seguros que esa es la única manera. Podemos seguir perdiendo el tiempo buscando la felicidad en las cosas de este mundo... Nos dejan vacios, sin sentido, hastiados... Podemos empeñarnos en seguir haciendo lo que nos dé la gana, seremos infelices... Hasta que no nos convenzamos que la Voluntad de Dios es la única que cumple nuestros anhelos de felicidad no encontraremos la paz. La cuaresma no es sólo hacer unas penitencias, unos ayunos... la cuaresma es darle la vuelta a nuestra vida como aun calcetín y dejar fuera de ella todo lo que no es de Dios para vivir desde y para Dios. Es una tiempo de acción, quizás de acción interior, pero acción.

"Sal de tu tierra"

Jesús sabe bien de nuestra debilidad y que nos cuesta mucho hacerle caso. Por eso lleva a tres de sus apóstoles al monte Tabor y les muestra su Gloria. Les dice "esto es lo que os espera". Pedro, cuando goza unos segundos de esa Gloria del cielo dice: "¡Qué bien se está aquí!¡Vamos a hacer tres tiendas! En pocos instantes experimento lo que es la felicidad plena de estar en el Señor, su corazón lleno de amor le pedía perpetuar ese momento, vamos a quedadnos aqui, vamos a gozar para siempre de la Gloria... Jesús le dice vamos a predicar, vamos a anunciar a todos que la Gloria es posible, que este gozo es posible, que esta felicidad que has experimentado quieres que la gocen los demás. Jesús les muestra a sus apóstoles su DIVINIDAD, su GLORIA, para que cuando lo vean en la cruz no olviden quién era, no olviden que es Dios y que así lo han visto en el Tabor. La cuaresma nos quiere hacer caer en la cuenta de todo esto, que cuando experimentamos la alegría de la presencia de Dios, de la cercanía de Dios, somos muy felices pero en cuanto nos viene un problema nos olvidamos de Dios, le culpamos a Él. Por eso tenemos que vivir profundamente en la oración y en los sacramentos, el encuentro con Cristo resucitado para que cuando nos lleguen los momentos de cruz recordemos su divinidad, su cercanía y su presencia.

A pesar de todo, los apóstoles, ante la cruz huyeron. Nosotros, la mayoria de las veces, aún habiendo experimentado muchas veces el Amor de Dios, ante la cruz huimos, olvidamos e incluso renegamos de Dios.

Cada Eucaristía es una transfiguración, cada altar es un monte Tabor. En el podemos contemplar el milagro de la conversión del pan y el vino en el verdadero CUERPO y SANGRE de Cristo. El Señor nos dice aqui estoy con vosotros. Nos concede poder experimentar su divinidad, su presencia santificadora para que podamos vivir la felicidad. Cuantas veces por desgracia estamos pensando en otras cosas y no acabamos de vivir el encuentro con Cristo en el Tabor. Ojalá saliera de nuestros corazones la expresión de S.Pedro: "¡Qué bien se está aqui!" Que cada Eucaristía fuese el remanso de paz, de verdad, de estar en el Señor, de vida...

¡Cuanto nos falta para vivir así la Eucaristía! ¡Nos distraemos muy facilmente!
Por favor, vamos a valorar el regalo que Dios nos hace cada día, a los apóstoles sólo se lo dió un día en el Tabor a nosotros todos los días tenemos la oportunidad de vivir un trocito de cielo en el Altar.

Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.


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martes, 15 de marzo de 2011

Reflexiones para la Cuaresma (II): El diablo actúa en el mundo y no se cansa

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida.

Es una llamada decidida a la recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con Él, una lucha “contra los dominadores de este mundo tenebroso” (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

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El grupo de niños de Postcomunión visita la iglesia del Juramento

El grupo de niños de postcomunión de nuestra parroquia hizo una vistia el pasado sábado a la Iglesia del Juramento de San Rafael.

Allí recibieron una pequeña catequesis en la que se les relató la intervención de San Rafael en el libro de Tobías y las distintas apariciones al Padre Roelas y su declaración como custodio de la ciudad de Córdoba.

Tras seguir atentamente las explicaciones dadas por su catequista elevaron sus oraciones al Arcángel custodio de Córdoba y, posteriormente, recorrieron detenidamente toda la iglesia apreciando los distintos elementos artísticos de la misma.

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