miércoles, 31 de octubre de 2012

Apresurémonos hacia los hermanos que nos esperan

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
Lecturas: Apocalipsis 7,2-4.9-14 // Salmo 24(23) // Epístola I de San Juan 3,1-3 // Evangelio según San Mateo 5,1-12a

Hoy quiero hacer mias estas palabras de S.Bernardo explicando la solemnidad de todos los Santos:

De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 2: Opera omnia, edición cisterciense, 5 [1968], 364-368 )

APRESURÉMONOS HACIA LOS HERMANOS QUE NOS ESPERAN

¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? ¿De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.

El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.

Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos las cosas de arriba, pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.

El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordarnos que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con el. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.

Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también en gran manera la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.


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martes, 30 de octubre de 2012

Aviso: Precepto en la Solemnidad de Todos los Santos y horarios de misas en el día de los Fieles Difuntos

El día 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos y día de precepto, se celebrará la Santa Misa a las 10h, 12h y 20h, como todos los domingos.

El día 2 de noviembre, con motivo de la celebración del día de los Fieles Difuntos se celebrará la Santa Misa en nuestra parroquia a las 18'00 h. y a las 20'00 h.

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La Presencia Real de Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía (XIV): Conclusión

Por su Presencia Real en la Eucaristía, Cristo cumple con su promesa de estar con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20). Como escribió S. Tomás de Aquino, “Es la ley de la amistad que los amigos deban vivir juntos... Cristo no nos ha dejado sin su presencia corpórea en este nuestro peregrinaje, sino que nos une a Sí mismo en este sacramento en la realidad de su cuerpo y su sangre” ( Summa Theologiae, III q. 75, a. 1). Con este don de la presencia de Cristo en medio de nosotros, la Iglesia es verdaderamente bendita. Como Jesús dijo a sus discípulos, refiriéndose a su presencia entre ellos, “yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron” (Mt 13:17). En la Eucaristía, la Iglesia a la vez recibe la ofrenda de Jesucristo y da profundas gracias a Dios por tal bendición. Esta acción de gracias es la única respuesta adecuada, pues mediante esta ofrenda de sí mismo en la celebración de la Eucaristía, bajo la apariencia de pan y de vino, Cristo nos da la ofrenda de la vida eterna.

Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. . . . Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. (Jn 6:53-57)

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sábado, 27 de octubre de 2012

«Un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino...»


XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Jeremías 31, 7-9 // Salmo 126 // Hebreos 5, 1-6 // Marcos 10, 46-52.

Queridos hermanos y hermanas:

Escultura 'Jesus curando al ciego Bartimeo' por Johann Heinrich Stöver, 1861Este domingo, la lectura del Evangelio nos presenta el milagro del ciego Bartimeo. Aquel ciego está al borde del camino, en su indigencia, con su gran problema de ceguera.

Este texto tiene una carga simbólica tremenda: Un ciego, la ceguera siempre simboliza en la Biblia, el pecado, el vivir a oscuras, sin disfrutar de la LUZ de Dios. Es reconocer que nuestros caminos están sin la luz salvadora de Dios.

El borde del camino: simboliza nuestra vida apartada del camino de la Salvación, está al borde, significa que no se ha alejado definitivamente de Dios, que ve pasar a los que le siguen pero no se implica, vive de ellos con sus limosnas.
Si nos proponemos actualizar esta parábola es fácil poner personajes actuales: El ciego del camino serían todos aquellos que viven apartados de Dios, de la Iglesia, de la Fe. Están en pecado, a oscuras... están al borde del camino, no se han ido del todo. Son todos aquellos que que viven a oscuras, sin fe, sin Dios pero que viven de Él... se siguen acercando a la Iglesia a PEDIR: sacramentos, oraciones, funerales, dinero, alimentos... pero siguen al borde del camino. Ciegos y sin la luz de la fe.

Bartimeo oye que se acerca Jesús, desde lo hondo de su corazón lanza un grito, un grito de ayuda... su corazón alberga un poco de luz, de fe... y su esperanza se refuerza al saber que el Nazareno pasa por allí.

La gente que lo rodea quiere hacerle callar, quiere que deje en paz a Jesús. Quieren apartarlo. Borrar esa poca luz y esperanza que tiene aún en su corazón.

Cuanta gente quiere volver a la Iglesia, quieren recuperar el camino de Cristo y los que los rodean se lo impiden... el que dirán les impide retomar su vida de fe.

Bartimeo venció a los que querían acallar su voz y consiguió que Jesús le escuchara y que le curara. Si nosotros somos capaces de acallar las voces que quieren impedir que estemos cerca de Cristo conseguiremos que Dios realice en nosotros el milagro de su presencia en nuestras vidas. Transformando nuestra existencia desde la raíz. Haciendo que nuestra vida se llene de luz, de fe, de esperanza, de alegría, de gozo... de paz.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor. Tomás.

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miércoles, 24 de octubre de 2012

Aviso: Comienzo de las Catequesis de adultos el viernes 26 de octubre

El próximo viernes 26 de octubre de 2013, a las 20:30 horas, comenzarán las catequesis de adultos.

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martes, 23 de octubre de 2012

La Presencia Real de Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía (XIII): ¿Por qué llamamos “misterio” a la presencia de Cristo en la Eucaristía?

La palabra “misterio” suele referirse a algo que escapa a la plena comprensión de la mente humana. En la Biblia, sin embargo, esta palabra tiene un significado más profundo y específico, pues se refiere a aspectos del plan de salvación de Dios para la humanidad, que ha empezado ya pero será concluido sólo al final de los tiempos. En el antiguo Israel, por el Espíritu Santo Dios fue revelando a los profetas algunos de los secretos de lo que iba a cumplir para la salvación de su pueblo (cf. Am 3:7; Is 21:28; Dn 2:27-45). Igualmente, por la predicación y enseñanza de Jesús, el misterio del “Reino de Dios” se fue revelando a sus discípulos (Mc 4:11-12). S. Pablo explicaba que los misterios de Dios pueden desafiar nuestro entendimiento humano o incluso parecer locuras, pero su significado es revelado al Pueblo de Dios mediante Jesucristo y el Espíritu Santo (cf. 1 Co 1:18-25, 2:6-10; Rom 16:25-27; Ap 10:7).

La Eucaristía es un misterio porque participa del misterio de Jesucristo y del plan de Dios para salvar a la humanidad por Cristo. No nos debería sorprender que haya aspectos de la Eucaristía que no son fáciles de entender, pues el plan de Dios para el mundo ha rebasado repetidamente las expectativas humanas y el entendimiento humano (cf. Jn 6:60-66). Por ejemplo, ni los discípulos comprendieron al principio que era necesario que el Mesías fuera condenado a muerte y luego resucitara de entre los muertos (cf. Mc 8:31-33, 9:31-32, 10:32-34; Mt 16:21-23, 17:22-23, 20:17-19; Lc 9:22, 9:43-45, 18:31-34). Asimismo, cada vez que hablamos de Dios hemos de tener presente que nuestros conceptos humanos nunca aprehenden enteramente a Dios. No debemos limitar a Dios a nuestro entendimiento sino permitir que nuestro entendimiento, por la revelación de Dios, se extienda más allá de sus limitaciones normales.

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domingo, 21 de octubre de 2012

Aviso: Catequesis de Confirmación


El próximo fin de semana se reanudan las catequesis de Confirmación con el mismo horario que tenían el curso pasado. 
Los jóvenes (a partir de 1º de ESO) que comienzan este año su preparación tienen la reunión de presentación el próximo sábado 27 a las 12:00, en los salones parroquiales. 
Los adultos que deseen prepararse para la confirmación podrán hacerlo en un grupo que se reunirá durante todo el curso cada lunes a las 20:30 horas.

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