sábado, 24 de noviembre de 2012

Solemnidad de Cristo Rey del Universo 2012

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY DEL UNIVERSO

Lecturas: Daniel 7,13-14 // Salmo 93(92) // Apocalipsis 1,5-8 // Juan 18,33b-37

Con esta fiesta de Jesucristo Rey del Universo concluimos el presente Año Litúrgico, para comenzar el próximo domingo con el Adviento, la preparación para la Navidad.

Las lecturas de hoy, nos hablan del reinado de Cristo. El Evangelio nos trae el interrogatorio de Pilatos a Jesús y sus respuestas. Poco, poquísimo, habló Jesús en el injustísimo juicio sumario a que fue sometido, pero algo de lo que sí habló fue de su Reino, el Reino del cual El es Rey.

“Tú lo has dicho. Sí soy Rey ... Pero mi Reino no es de aquí, no es de este mundo” (Jn. 18, 33-37), fue la respuesta que dio Jesús, cuando Pilatos quiso precisarlo para ver si, tal como estaba siendo acusado, pretendía ser rey de los judíos.

Y, efectivamente, Jesús no es rey de este mundo. El mismo lo dijo durante ese interrogatorio acelerado que tuvo lugar antes de ser condenado a muerte: “Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos”.

Los reinos de este mundo son temporales por más largos que sean, pues aún los vitalicios terminan algún día y son sustituidos por otros. Los reinos de este mundo son limitados, porque por más que ocupen grandes territorios y ejerzan influencia en la tierra entera, tienen como límite sus fronteras o las fronteras hasta donde llegue su influencia y su poder. Por más poderosos que se crean los reyes de la tierra, su poder es limitado en el tiempo y en el espacio.

Cristo no vino a establecer un reino así. Su reinado será diferente a los reinos de la tierra. Su reino será como es Dios: eterno e infinito, sin límite de tiempo ni de espacio. Su reino nunca se acabará y su reino nunca será destruido. Y ese reino ya comenzó, pero será establecido definitivamente y para siempre en la Parusía, en su segunda venida en gloria. Pero ¿cómo será ese momento cuando Cristo venga a establecer su Reino? La Sagrada Escritura, en boca de Jesús o de los antiguos profetas y en la pluma de los Apóstoles, nos trae repetidas descripciones de esa segunda venida de Cristo:

“Vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo”, leemos en la Primera Lectura del Profeta Daniel.
“Entonces veréis venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad” (Mc. 13, 26), nos decía el mismo Jesús en el Evangelio del domingo pasado.

Será ése el momento de la llegada definitiva del reino de Cristo, aquel Reino que El mismo refirió a Pilatos y del que tanto habló en sus predicaciones cuando estuvo en la tierra. He aquí algunas citas de Jesús sobre su Reino:

“Buscad primero el reino de Dios y su justicia y lo demás vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33).

“No es el que dice ¡Señor! ¡Señor! el que entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre” (Mt. 7, 21).

“Os aseguro que si no volvéis a ser como niños, no podréis entrar al Reino de los Cielos” (Mt. 18, 3).

El Reino de Dios, plenamente, se instaurará al final de los tiempos. Ahora tenemos que vivir de tal manera que lo vayamos acercando a los que nos rodean. Nuestro obrar debe ser testimonio de obediencia a Cristo, Rey de nuestras vidas, Rey del Universo.

Dejemos que Cristo sea el verdadero Rey de nuestra existencia. No adoremos a nadie más que a Él, no adoremos a los falsos reyes de nuestro mundo: dinero, poder, placer, tener... todo eso se queda aquí. el reino que se prolonga hasta la eternidad es el Reino de Cristo.

Que Dios nos conceda a todos ser verdaderos súbditos de Cristo, Nuestro Rey. Feliz día del Señor a todos. Que Dios os bendiga

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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jueves, 22 de noviembre de 2012

La distribución de la Sagrada Comunión

Publicamos estos números de la Instrucción REDEMPTIONIS SACRAMENTUM para que veamos la importancia que le da la Iglesia al momento de recibir la Sagrada Comunión y para que lo vivamos con más fe y amor cada día. Gracias por hacerlo siempre así.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS

INSTRUCCIÓN REDEMPTIONIS SACRAMENTUM

Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía

2. LA DISTRIBUCIÓN DE LA SAGRADA COMUNIÓN.

[88.] Los fieles, habitualmente, reciban la Comunión sacramental de la Eucaristía en la misma Misa y en el momento prescrito por el mismo rito de la celebración, esto es, inmediatamente después de la Comunión del sacerdote celebrante.[172] Corresponde al sacerdote celebrante distribuir la Comunión, si es el caso, ayudado por otros sacerdotes o diáconos; y éste no debe proseguir la Misa hasta que haya terminado la Comunión de los fieles. Sólo donde la necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios pueden ayudar al sacerdote celebrante, según las normas del derecho.[173]

[89.] Para que también «por los signos, aparezca mejor que la Comunión es participación en el Sacrificio que se está celebrando»,[174] es deseable que los fieles puedan recibirla con hostias consagradas en la misma Misa.[175]

[90.] «Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos», con la confirmación de la Sede Apostólica. «Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, que deben establecer las mismas normas».[176]

[91.] En la distribución de la sagrada Comunión se debe recordar que «los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos».[177] Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohiba, debe ser admitido a la sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie.

[92.] Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, [178] si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano.[179]

[93.] La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento.[180]

[94.] No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado «por sí mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano».[181] En esta materia, además, debe suprimirse el abuso de que los esposos, en la Misa nupcial, se administren de modo recíproco la sagrada Comunión.

[95.] El fiel laico «que ya ha recibido la santísima Eucaristía, puede recibirla otra vez el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en la que participe, quedando a salvo lo que prescribe el c. 921 § 2».[182]

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lunes, 19 de noviembre de 2012

Día de la Iglesia Diocesana 2012 - Ingresos y gastos de la Diócesis de Córdoba

Como cada año, en este mes de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana 2012, concretamente este pasado domingo, día 18. Es frecuente -y necesario- que se inquiera sobre los ingresos de nuestra iglesia y sobre cómo se procede al gasto de los mismos. Para ello, la web de la diócesis de Córdoba ha publicado un excelente artículo informativo y documentos explicándolo con el máximo detalle, a los que añadimos aquellos que en esta web parroquial fueron publicados en su día como explicación de la financiación de la Iglesia en España:

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sábado, 17 de noviembre de 2012

Parusía


XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Daniel 12, 1-3 // Salmo 15 // Hebreos 10, 11-14. 18 // Marcos 13, 24-33.
Queridos hermanos y hermanas:

Icono de la segunda venida de CristoYa acercándonos al final del Año Litúrgico, que termina el 25 de Noviembre, este último Domingo del Ciclo “B”, ciclo que concluye con la Fiesta de Cristo Rey, las lecturas nos invitan a reflexionar sobre la Parusía.

“Parusía” es una palabra que intriga, -cuando no se conoce su significado- y que tal vez asusta cuando sí se conoce.

En efecto, en su sentido estricto, “Parusía” significa la segunda venida de Cristo. Y eso asusta.

En su sentido más amplio se refiere a la plenitud de la salvación de la humanidad, salvación efectuada ya por Cristo, pero que será completada precisamente con su segunda venida en gloria, cuando venga a establecer su reinado definitivo: ¡Cristo viniendo en la plenitud de su gloria, de su poder, de su divinidad!
Si hace dos mil años Cristo vino como un ser humano cualquiera, en su segunda venida lo veremos tal cual es, “cara a cara” (1 Cor. 13, 12). Será el momento de nuestra definitiva liberación: nuestros cuerpos reunidos con nuestras almas en la resurrección prometida para ese momento final.

En ese momento seremos resucitados y reunidos todos: unos resucitarán para una vida de felicidad eterna en el Cielo y otros para una vida de condenación eterna en el Infierno. En ese momento grandioso, inimaginable, esplendoroso, tal vez el momento más espectacular y más importante de toda la historia humana, habrá “cielos nuevos y tierra nueva” para los salvados. Será el Reinado definitivo de Cristo (cfr. Ap. 21 y 1 Pe. 3, 10-13).

Con esta esperanza se comprende cómo -desde el comienzo de la Iglesia hasta nuestros días- los cristianos, deseosos de volver a ver el rostro glorioso de Cristo, han esperado siempre la Parusía y hasta han creído sentirla muy próxima en algunos momentos de la historia de la humanidad. De ahí que con el deseo de ese momento toda la Iglesia ore con las palabras finales de la Biblia: “Ven, Señor Jesús” (Ap. 22, 20). De hecho en cada Eucaristía aclamamos en el momento de la consagración: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección ¡Ven Señor Jesús!

Es el deseo de todo cristiano que se viva en el mundo el Reino de Dios. Que seamos conscientes de la importancia de nuestra fe vivida en obras de amor, para poder entrar en el Reino Eterno.

Hay una corriente de pensamiento que afirma que como Dios es Padre Infinitamente misericordioso, al final de nuestros días, TODOS, iremos al Cielo. Que sea cual sea nuestra fe, nuestro obrar, nuestra práctica religiosa... al final iremos todos al Cielo. Es una corriente que ya en los primeros siglos sacudió a la Iglesia naciente, es la herejía del Irenismo.

Es muy cierto que Dios es infinitamente Misericordioso, pero es también cierto que es infinitamente Justo y practica la justicia. Y no tendrá el mismo fin aquel que ha vivido las bienaventuranzas que aquel que no sólo no ha creído en Cristo, si no que incluso ha luchado contra Él y su Iglesia.

Las lecturas de este domingo y muchos textos del Evangelio, nos presentan a Jesús hablando muy claramente de la existencia del infierno y de la posibilidad de condenarse por nuestros pecados. Pensad por un momento en el texto del rico Epulón, en el de las doncellas necias, en el de las ovejas y las cabras, etc.

No seamos ingenuos ni tampoco irresponsables, el Evangelio de Cristo hay que asumirlo, creerlo y vivirlo en su integridad. no podemos asumir lo que nos gusta y lo que no nos agrada olvidarlo o incluso negarlo.

Reflexionar sobre el final de nuestra vida es muy positivo, nos sirve para hacer balance de nuestra vida, examen serio de nuestras obras y sentirnos profundamente llamados a la conversión. Que Dios nos conceda a todos vivir siempre preparados y llenos de Gracia para estar bien dispuestos al encuentro con Él.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor. Feliz domingo. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Qué significa "El Señor es mi roca" en los salmos?

El comienzo del Credo (Yo Creo) implica algo más que la profesión de fe. Veamos por qué:

Etimológicamente en hebreo Creer (he’emin) significa "hacerse fuerte sobre". Por eso se habla de Dios como roca que da fortaleza: Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte (Sal 18,3). La fe es el fundamento del pueblo de Dios: Si no creéis, no subsistiréis (Is 7,9)

Por eso, cuando en el Credo decimos Yo Creo, estamos afirmando la confianza en Dios como única fuente de fortaleza.

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sábado, 10 de noviembre de 2012

La viuda de Sarepta

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: 1ºReyes 17, 10-16 // Salmo 145 // Hebreos 9, 24-28 // Marcos 12, 38-44.
Queridos hermanos y hermanas:

El profeta Elias y la viuda de Sarepta. Bernardo Strozzi (1581-1644)En este domingo XXXII del tiempo ordinario, la Palabra de Dios nos presenta el testimonio de dos mujeres. Dos viudas que viven plenamente su confianza en la Providencia Divina y un tremendo compromiso con los más necesitados.

Estamos viviendo momentos de grave crisis, cada día Cáritas y todas las parroquias están ayudando a muchas personas necesitadas. Estamos contemplando situaciones gravísimas de desamparo y necesidad. En esa situación se encontraba la viuda de Sarepta, primera lectura de hoy, sólo le quedaba harina suficiente para hacer un pan, comerlo junto a su hijo y esperar la muerte. Es la pobreza más radical, es el final humanamente. Se acerca el profeta Elías, el hombre de Dios, y le pide que comparta lo poco que tiene y le promete en nombre de Dios que la alcuza de aceite no se vaciará ni la harina se acabará. Fijaos, le pide que lo poco que tiene lo comparta y que confíe radicalmente en la Providencia Divina. Es despojarse de incluso aquello que le hacia falta y confiar en la promesa de Salvación.
La viuda de Sarepta, frente a toda lógica, es capaz de compartir lo poquísimo que tiene: hace un panecillo para el profeta de Dios, Elías, y otro para ella y su hijo. dios premió su generosidad. Le concedió que la vasija de harina no se acabara ni la alcuza de aceite se agotara.

Pensemos por un momento como vivimos nosotros nuestra pobreza, nuestra pérdida de poder adquisitivo fruto de esta crisis, nos agarramos a las seguridades humanas, a las posesiones y a nuestro dinero. No confiamos en la Providencia Divina. Queremos tener todo atado y bien atado. Es cierto que tenemos que procurar honestamente nuestro sustento y el de nuestras familias, pero tenemos que saber compartir con los que están mucho peor que nosotros. Quiero destacar aqui la gran generosidad de miles de personas que colaborar de muchas maneras en las obras de caridad de la Iglesia. Que son capaces de compartir su dinero, su tiempo, sus conocimientos, etc. para ayudar a los más pobres. Creo que es una obligación de todos los cristianos colaborar con las instituciones de la Iglesia dedicadas a socorrer a los necesitados. Es loable la colaboración con otras ONG que actúan en favor de los más pobres con un carácter aconfesional y laico aunque personalmente creo, y digo que es personalmente, que como miembros de la Iglesia debemos colaborar con las ONG de la Iglesia. Sin desmerecer de las demás ni de su labor solidaria.

En el evangelio, la viuda nos da una lección impresionante. Ella NO comparte de lo que le sobra, ella DA lo que poco que tenía. Muchas veces pensamos que como no somos ricos, o no tenemos muchos ingresos, no podemos solucionar las necesidades de los demás. Es un fallo enorme, si cada uno comparte un poquito, se junta una gran ayuda. Creo que nos falta compromiso económico con nuestras parroquias e instituciones eclesiales. Si hacemos números, nos damos cuenta que con un poquito de colaboración de todos podríamos lograr mucho. Por ejemplo, si en una misa de domingo estamos presentes 200 o 300 personas, y cada uno se comprometiera a echar en la canastilla un euro tendríamos una media de 200€ por misa, con cuatro misas que hay el fin de semana, tendríamos casi 1000€ para cubrir las necesidades de la Parroquia y compartir con los más necesitados. Sin embargo, la realidad es que no llegamos a más de 350€ en todas las colectas de todas las misas. Si dividimos entre el número de asistentes, el resultado es desolador, ni siquiera 25 céntimos por persona. Aquella mujer, la viuda del Evangelio de hoy, compartió lo poco que tenía y Jesús la puso como ejemplo y valoró muchísimo su generosidad.

Os invito a meditar esta semana, pensemos por un momento si nosotros compartimos con generosidad. La Iglesia está dando un testimonio impresionante en estos tiempos de crisis, atendiendo a muchísimas personas necesitadas. La generosidad de los católicos cordobeses está haciendo que se pueda socorrer muchas situaciones de pobreza extrema. Pero no podemos contentarnos con esto, debemos ser cada día más los que compartamos para poder lograr ayudar a muchas más personas. Confiemos en la Divina Providencia, porque frente a nuestra humilde generosidad el Señor no permitirá que nos falte lo necesario para vivir.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor. Feliz domingo. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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